miércoles, 6 de julio de 2011

La vaca difícil

Un muchacho soñaba una noche que era una vaca. Una vaca en un corral lleno de vacas. Nada de su apariencia era muy distinto a la mayoría de las vacas, por lo cual tenía que tener algo que la distinga del resto. Así el granjero podía llevar un registro de cada vaca en particular, para luego producir buena carne y hacer negocios. Entonces, la vaca había sido registrada con un número, el cual llevaba insertado en su oreja todo el tiempo. Era la vaca número 17.
Después de comer y beber con el resto de las vacas, siempre cuando el granjero decidía que era el momento en que las vacas comieran y bebieran, se echaba a dormir también con las demás vacas. El rebaño funcionaba a la perfección y los granjeros tenían todo bajo control.
Fue entonces cuando la vaca se preguntó por qué tendría constantemente ese plástico con el número 17 incrustado en la oreja, si verdaderamente resultaba muy molesto. Entonces se lo quitó. Y al quitárselo, se sentía ajena al ganado, se sentía distinta a las demás vacas que tenían el número en sus orejas. Entonces comenzó a vivir en otra sintonía y a manejar otros horarios. Ya no comía al mismo tiempo que todas, no dormía tampoco al mismo tiempo y se movía por el corral a su gusto.
Un día, al ser un corral no muy grande, en un control de rutina, descubrieron que no tenía inserto el número en su oreja y le pusieron uno nuevo. Y así como se lo volvieron a poner, se lo volvió a quitar. Pero al tiempo se lo volvieron a poner. Entonces, por esa voluntad rebelde, cada vez que escuchaba a los granjeros hablar de ella, la llamaban "la difícil".
Y bueno, así duró un tiempo, luchando por su pequeña libertad, hasta que, desafortunadamente, la mataron para venderla. Quizá porque la tenían vista, o quizá porque era la suerte que corrían todas las vacas al fin y al cabo.
Ahí se despertó el muchacho. Estaba sudando. Se llevó la mano a la oreja y vio que no tenía ningún número. Eso lo alivió momentáneamente. Pero después se quedó helado. Tanteó la mesita de luz y prendió el velador. Y allí descubrió lo que se temía. Sobre ella se encontraba un pequeño librito. Lo abrió. "DNI: 36.357.211", leyó en él.
Se sentó en la cama y lo supo: No era la vaca número diecisiete de un corral. Era el humano número trentaiseis millones, trecientos cincuenta y siete mil docientos once de otro corral. Pero debía conservar consigo ese librito con su número. No debía desecharlo. Lo usaría como disfraz para pasar desapercibido y no ser tenido en la mira, como le pasó a la vaca de su sueño. Cada vez que se lo pidieran, debía tenerlo presente para hacerse pasar por una vaca más de ese corral. Pero había algo positivo: El corral del verdadero muchacho era muchísimo más grande. Podía caminarlo hasta cansarse a la hora que quisiera y en el momento que quisiera, sin aburrirse y corriendo menos riesgos de ser encontrado y hecho un producto de exportación.
De todas formas, debía conformarse con eso, porque si se arriesgaba a escaparse del corral, podía encontrarse con algo mucho peor del otro lado. La vida salvaje seguramente debía de ser muy complicada. En el corral, al menos, tenía al alcance compañía, comida, agua y salud. Al fin y al cabo, el corral era el lugar en donde había nacido y se había criado, y en caso de dejarlo, seguramente lo extrañaría.
Y cuando le llegáse la hora, él moriría como una vaca que encontró la libertad dentro de la esclavitud —porque no nació libre, entonces le sería incómodo serlo— y lo salvaje dentro de la domesticación —porque no nació salvaje, entonces le sería incómodo serlo—.
"Uno es lo que hace con lo que hicieron de él."

jueves, 30 de junio de 2011

Un hombre feliz

Alarma número 1. La hora del almuerzo comienza. Con parsimoniosa calma medida se levanta de su butaca y se dirige hacia la puerta que lo excretará al torrente de empleados que, al igual que él, escucharon la chicharra. Ya en el comedor se sienta a disfrutar mesuradamente de la comida, perfectamente equilibrada para su correcta alimentación, que todos los días prepara.
Alarma número 2. El día laboral llegó a su fin sin sobresaltos. Se dirige a su auto, fiel testigo de su estándar económico. Se pone el cinturón de seguridad, circula con precaución, conserva la derecha, frena antes de la senda peatonal, cede el paso. En su casa lo espera su esposa lista con la comida lista, la casa lista, los chicos listos… el futuro listo. Todo funciona de acuerdo al plan (gracias a Dios!).
Alarma número 3. Noche. Sudor frío que cubre todo el cuerpo. Al abrir los ojos cae en la cuenta de que en el otro extremo de la cama yace un cuerpo que alguna vez fue el compañero perfecto del suyo. Cierra los ojos, tiene que dormir, a esa hora no se hace otra cosa… o si? Revisa el libreto. Encuentra la brecha. Decide comenzar a vivir en el refugio de la noche. Se levanta sigilosamente, la distancia que lo separa de su esposa le permite salir sin ser escuchado. De un trago se toma un vino que está reservado para ocasiones especiales. Se sienta en la computadora y escribe como desquiciado, estalla en esas líneas todo un torbellino de emociones. Sacia su lujuria con los productos eróticos que le ofrecen en el mercado virtual. Saquea la heladera devorando las provisiones perfectamente racionadas para los días venideros…
Solo falta una hora para despertar. El pánico amenaza con reventar sus venas. Desesperadamente limpia el desorden de la cocina, tira la botella vacía al baldío de al lado, elimina los escritos y el historial del navegador virtual. En medio del frenesí calcula que con suerte puede encontrar un almacén abierto que le permita reponer los alimentos que sucumbieron a la comilona.
Exhausto, luego de borrar toda evidencia de su libertina aventura nocturna, se desploma en la cama.
Alarma número 4. Un nuevo día comienza. Su rostro jovial saluda con un beso al de su esposa y al de cada uno de sus hijos. Desayuna nutritivamente antes de salir para el trabajo. Sube a su auto, se pone el cinturón de seguridad, circula con precaución, conserva la derecha, frena antes de la senda peatonal, cede el paso… La vida se desenvuelve armoniosamente como era de esperarse.
Alarma número 5…

miércoles, 29 de junio de 2011

Ensueños

Sueño. Horas y horas de vigilia onírica pueblan mis noches de aromas, sabores y estallidos de locura en mi piel. Días enteros recordando una caricia, un suspiro, un susurro anhelante, una palabra que acaricia el alma, una sonrisa que es como la de mil alegrías juntas. ¿Cómo desear el descanso si nada puede ofrecerme el sueño que se compare a su abrazo etéreo? ¿Cómo sumergirme en mis sábanas si una sola mirada de sus ojos de mar me inunda el pecho de anhelos de ruta? ¿Cómo ansiar el regreso después de caminar un segundo a su lado, de probar la timidez y el desenfreno de sus labios, de perder la noción del tiempo en ese mundo de dos que construimos en cada encuentro?
Sueño...

viernes, 27 de mayo de 2011

A mis Hermanos

Cuando comencé a pensarnos merodeando por los mismos espacios, compartiendo el aire y el vino, riendo y cantando, durmiendo y viviendo nuestras vidas como hermanos, solo pude imaginarme una pequeña parte de lo que hoy somos. Los amaneceres entre soles imponentes y mates bien cebados; los anocheceres de charlas de pasillo y guitarras susurrantes; las cenas consensuadas y amasadas entre todos; las trasnochadas infinitas acompañadas de amigos que son como los de uno; las palabras que nacen desde el alma y las cargadas que nos acechan tras cada tropezón; el hambre y el derroche compartidos; la mesa bamboleante y los bancos del viejo; la heladera de la Kela y la pavita del tío; cada rincón de ese que es nuestro mundo está cargado de nosotros, de lo que somos y lo que queremos. Nunca me sentí tan en casa como con ustedes. Ustedes, mis hermanos, son una parte muy importante de lo que hoy me hace una persona tremendamente feliz.
Los quiero con toda el alma.

Solo palabras...

La posibilidad de que una frase se convierta exactamente en eso que intenta evitar, la soledad, está directamente relacionada con el largo de la misma, el ancho del espacio que separa a dos personas que solo se sueñan como tales, la espesura del cabello de esa chica que me miró tan sensualmente para luego marcharse calle abajo, el dolor que queda en las entrañas cuando en la cama ya se esfuma ese aroma a tarde soleada de otoño.
Cuando en la penumbra de una noche dos ojos tímidamente salvajes te regalan tantas sensaciones, articular siquiera una palabra para acercarse a eso que estalla en el pecho, resulta desesperadamente imposible. Quizás se piense que la agitada espera de un despertar a dúo, distorsiona la hermosura de un gesto, de una palabra apropiada, de una caricia en la cara que acompaña a un beso. Pero un cigarro compartido en una vereda que se despabila junto a vos, es la prueba insoslayable de que el abrazo que te despide es mucho más que el anhelo de caminar tras de ti por un pasillo a oscuras hacia el final inexorable.

jueves, 26 de mayo de 2011

Mi gran hazaña

Yo estaba podrido de un otario bravucón, no solo porque odiaba a los bravucones, sino porque odiaba más a los otarios. Indignado por una golpiza que me había propinado (en la cual mis costillas fueron su bolsa de boxeo), me fui caminando a mi casa a paso de liebre. En realidad, a paso de humano que va rápido. En eso, por esas casualidades de la vida, mientras miraba el piso de manera resentida, me encontré una moneda. Lo primero que hice fue agacharme para juntarla e, inmediatamente, la raspé con mi uña para sacarle una tierrita que tenía pegada. Eran 25 centavos. 25 miserables centavos. 25 mil razones para lanzarlos al río, o 25 segundos para comprarme un par de chicles en el kiosco. Pensé primero en regalárselos a un niño pobre que pasaba por ahí, pero no me animé a encararlo. Luego me di cuenta de que si él no venía a pedirme, yendo yo iba a quedar mal. Era como que le dijera: "tomá, porque sos pobre". Además me di cuenta de que con 25 centavos no iba a lograr nada. El chico iba a seguir siendo igual de pobre. Con esa inservible moneda no le iba a dar de comer a nadie, ni una mejor vida a nadie, ni trabajo a nadie.
"Ni trabajo a nadie..."
Me volví caminando para la escuela. Estaba a dos cuadras, así que no tardé en llegar. Cuando me encontraba a 20 metros de la puerta, lo ví. Era el bravucón que salía solo, sin sus amigos, y caminaba a paso lento. Cuando me vio venir, sonrió. Yo no estaba seguro de lo que iba a hacer, pero cuando ví esa sonrisa maligna en su rostro, ya no me importaba mi inseguridad. Caminé unos metros, me acerqué a él, tomé carrera, y, cuando me encontraba a no más de un metro y medio de distancia de su enorme cuerpo, le revolié mi moneda de 25 centavos. Un grito seco por parte del grandulón, y, cuando abrí los ojos, lo ví agarrándose la boca. Cuando se sacó la mano, ví que le había partido un diente. Me fui corriendo.
Una vez en casa, ya estaba más contento y reconfortado: Con tan solo 25 centavos, le había dado trabajo a alguna persona. Los dentistas siempre lucran de alguna manera.

lunes, 23 de mayo de 2011

Adora la noche...

Un delicado aroma a feria se descolgaba de su boca en rítmicas dosis marcadas por el subir y bajar de su pecho. Su rostro reflejaba el apacible sueño en el que se sumergía precipitadamente. Unos ojos, como el bosque devorándote en su espesura, se perdían en los tuyos mientras caían en la nebulosa onírica. Detrás de la quietud de sus gestos se sacudía una tormenta arrasadora, que te devoraba en cada suspiro, y te volvía etéreo con cada beso de su boca. La noche con sus aromas habitaba en su pelo, y un deseo de que nunca amanezca estallaba en tu pecho embriagado de excesos. El tiempo se desgranó frente a los dos cuerpos que fluían con ritmo propio, como un mar azotando una playa desierta. Las horas o los años pasaron sin ser advertidos y el día estalló en la ventana mientras la noche huía escaleras abajo.
El atardecer recibió en sus brazos tu cuerpo atravesado por las heridas nocturnas. Difícil fue comprender la escena que invadía todos tus sentidos; solo un sueño podía ser, pero los recuerdos de aquella hermosa tempestad están gravados aún en tu piel. El amargo del mate te recordó que estabas solo de nuevo.

Tal vez algún día amanezcas abrazado a la noche. Tal vez no. Pero sus ojos que ya se sienten grises y su pelo con aroma a brisa todavía duermen a tu lado.



domingo, 24 de abril de 2011

Hombres que no se sabe si existen

De macro existencia

En algún recóndito lugar, en una remota época, existía un hombre que no existía. Lo curioso es que, más allá de su existencia, el hombre se sentía acosado todo el tiempo por la gente. Él no encontraba explicación terrenal para éste hecho, puesto que si él no existía, no podía tener la gente manera de acosarlo. Es por eso que no había explicación alguna para ese molesto acoso, ya que no había cuerpo suyo en el mundo con el que pudiera ser víctima.
Cierta noche, luego de tanto pensar y darle vueltas al asunto, se dio cuenta de que no era necesario un cuerpo para ser sometido, ya que el acoso físico no es la única forma de acoso. Era la gente la que, como si fuese una buena costumbre, pensaba en él, lo recordaba y lo describía en su mente. Y era él quien tenía que pasearse mente por mente, para ser protagonista en el mundo racional de cada persona que lo pensaba. Fue allí cuando comprendió que no existía mientras no lo pensaran, pero sí existía si lo hacían, no sólo en un mundo sino en infinitos mundos, y por más que quisiera desaparecer de una buena vez, estaba condenado a seguir existiendo para siempre, hasta el infinito, siempre que hubiera alguien dispuesto a pensarlo.
Mejor dejo de escribir sobre ese hombre y le doy un poco de paz. Usted, lector, ya deje de acosarlo, olvídelo, porque no es bueno andar molestando a la gente.

De micro existencia

Había otro hombre en otro lugar, y vale aclarar que él conocía bien su condición de existente, que tenía un problema muy curioso, el cual lo tenía muy incómodo. Todo se volvía difícil para él cuando la voz de su conciencia le sugería cosas que él sabía que no era posible llevarlas a cabo. Encima, la voz de su conciencia tenía, a la vez, una voz de su conciencia. Entonces, la voz de la conciencia le proponía cosas a la voz de la conciencia del hombre, las cuales, la voz de la conciencia no sabía si aceptarlas o no, porque el hombre no quería escuchar a la voz de su conciencia, y, mucho menos, a la voz de la conciencia de la voz de su conciencia.
La razón por la cuál el hombre no podía plasmar en actos lo que sus voces internas le sugerían, era porque el hombre era el personaje de un cuento escrito por un escritor que ya había muerto y dejó su libro sin terminar, y, para peor, el personaje todavía no había intervenido en el libro, por lo que la única oportunidad de intervenir que le quedaba era que algún nuevo escritor lo imaginara y lo hiciera actuar en alguna historia, pero si no lo imagiaba tal cuál era, ya no sería el mismo personaje, ni el mismo hombre con la misma voz de su conciencia que tenía a la vez una voz de la conciencia, y el hombre seguiría esperando el momento de actuar, soportando eternamente las sugerencias de sus voces internas sin tener manera de materializarlas.


De macro y micro existencia

Había una vez un mundo intermedio que estaba situado entre dos mundos. No a modo de sanguche, ya que no era visible cada mundo en sí, sino que había un solo mundo que contenía a los otros dos. Ese mundo, el más grande, contenía al mundo del medio, que era una porción muy pequeña de ese mundo grande, y el mundo intermedio, a su vez, contenía al mundo más pequeño, que era una porción muy pequeña del mundo mediano y, al mismo tiempo, una porción muchísimo más pequeña del mundo más grande. Al ser así y no de otra forma, queda en claro que los sucesos que ocurrían en el mundo grande podían tener grandes repercusiones en el mundo del medio y mucho mayores en el mundo pequeño, pero nunca al revés. Es decir, los hechos que acontecían en el pequeño mundo, nada de interferencia tenían con el mundo del medio, y mucho menos con el mayor. Lo interesante del asunto, era que los habitantes del mundo mediano no conocían a los habitantes del mundo grande ni a los habitantes del mundo pequeño. Por supuesto, ni los habitantes del mundo mayor ni los del mundo menor conocían tampoco a los habitantes de los otros dos mundos. Entiéndase así la magnitud de cada uno de los mundos. Lo cierto era que los del mundo del medio sólo podían imaginar la existencia de seres del mundo mayor, o creer en ella. Ni aunque lo intentaran una y otra vez, podían comprobarla, porque el tamaño de los habitantes del mundo más grande era demasiado como para ser percibido por los habitantes del mundo mediano. Lo mismo le pasaba a los del mundo pequeño con los habitantes del mundo del intermedio. Y pasaba también al revés, cuando los habitantes del mundo mayor se preguntaban por la existencia de seres diminutos, tan diminutos que no puedan ser percibidos. Esos eran los seres del mundo intermedio, que no podían ser reconocidos por los del mundo grande. Igualmente ocurría con los seres del mundo mediano, cuando se preguntaban lo mismo, refiréndose a los seres del mundo pequeño.
Con sólo conjeturas e ideas sobre las posibles existencias de macroseres y microseres, los habitantes del mundo del medio vivían su acelerada vida llenándose de interrogantes. Por supuesto, los seres del mundo más grande también se preguntaban por macroseres y microseres, y, a su vez, los habitantes del mundo pequeño también lo hacían. Es decir, que el mundo más grande, podía, a la vez, ser el mundo intermedio de otro mundo mayor, e incluso el mundo pequeño de otro mundo más grande. Y, como es evidente, los seres del mundo pequeño podían ser seres de un mundo mayor para los habitantes de un posible mundo más pequeño. Y, así como los habitantes del mundo intermedio, los seres del mundo mayor y del mundo menor también vivían su vida plagada de interrogantes.
Lo que ninguno de todos esos habitantes ignorantes de cualquiera de los mundos sabía, era que el mundo propio y los demás posibles mundos no eran otra cosa más que una idea que tenía Dios para filmar una película, y que el sinfín de seres no eran más que una creación de personajes en su intelecto. Por supuesto, ese Dios era habitante de un mundo de Dioses que vivía cuestionándose sobre la existencia de seres superiores o de seres tan pequeños que no podían ser percibidos. Pero lo que ese Dios no sabía, era que tenía un creador, que es el mismo que el de ésta historia, que entiende que en el mundo racional, cada personaje antes mencionado es tan verdadero como real, pero en el mundo empírico, todos son una fantasía. Lo divertido está en pensar si el mundo empírico en el que vive el creador de la historia es realmente empírico, o forma parte de un mundo racional pensado por algún ser, como pasa en el caso del Dios, en donde él cree que su mundo es real y sus pensamientos son un mundo idealizado, pero en realidad su mundo también es parte de una imaginación. Y es ahora cuando el narrador comienza a preguntarse si él mismo es un personaje que está siendo escrito.

jueves, 21 de abril de 2011

Click.

Un día me voy a dar cuenta (o vuelta, tal vez).
Una cosa sucedía mientras los gestos permanecían serenos. Una mirada de reojo, unos ojos que correspondían, y los gestos serenos de siempre maquillaban ese rostro que quería saltar. No todo acontecía en un fugaz encuentro, la pantalla repetitiva de los sueños iluminaba diariamente lo que el día ocultaba.
No sé si así sucedieron las cosas o si el recuerdo juega caprichosamente con los fragmentos de esta vida, pero eso no es lo que importa ahora.

Una puerta se entreabrió dejando escapar una ráfaga de luz que huyó precipitadamente escaleras abajo. El barullo dulzón que se derramaba de aquella abertura la desgarraba del firmamento negriazul del pasillo a oscuras. Los pasos embriagados se movían lentamente hacia aquel éxtasis prometido. El sopor que inundaba los sentidos prologaba el preciado encuentro.
Dos pasos se sucedieron parsimoniósamente. Una lágrima aún retozaba en el abismo de la mejilla, demorándose antes de saberse brisa.
Un escalón y el salto. El fulgor de aquella entrada ya se sentía en los párpados.
Un chasquido y el resplandor se hace blancura enceguecedora. A lo lejos se distingue una puerta entreabierta que promete un paraíso de sombras...


miércoles, 20 de abril de 2011

De la vez que casi venzo al sueño.

Según el Psicoanálisis, o al menos una de sus posturas, los sueños son una de las formas de manifestación del inconsciente. Como tal tienen ciertas leyes o principios que lo gobiernan.
Ausencia de Cronología. Simplemente que el tiempo no transcurre de la manera habitual. Podemos soñar que un segundo dure más que un mes o que Enero le siga a Julio y navidad a reyes.
Ausencia de Contradicción. Así como se indica, todo lo que soñemos tendrá su propia lógica y será completamente válido. Que una persona se mate a si mismo cometiendo homicidio y no suicidio es tan probable como lo es para nuestra vida consciente que caigan hojas en otoño.
Dicho esto, les contaré como casi vencí al sueño.
Estaba yo sentado en el gabinete, el que sea, en el piso intermedio de espaldas a la escalera ubicada a la derecha. El aula estaba atestada de conversaciones a gritos y las personas que las proferían. Una sombra borrosa a color rodeada por el dichoso escándalo de otras muchas, se erguía profesorialmente, sin autoridad alguna, en el piso más bajo junto a la loza blanca escritorial. Yo era yo, y era definitivamente mayor que ese montón de cotorras y no tardé en hacerlo notar "¡Basta ya de gritos, Imbéciles!". Acorazado entre mis brazos ojeé para corroborar el panorama. Un cinconar de niños sostenía sádicamente la tiza por encima del hombro y detrás de la nuca. Pestañeé y fui derecho a la mesa del rincón izquierdo superior que daba a la ventana del centro superior del aula. Nico A. y Esti G. sentados enfrentados me miraban. Yo: "¿vos también estás estudiando Psico?".
Magu S. no está, lo noto recién. Quizás se haya inscrito en otra comisión. La busco por el amplio patio techado del primer piso del Manuel Belgrano. Ya no. Estoy en la calle que bordea el colegio del lado derecho si es que le damos la espalda; llegando al cole en un auto con Gastón C. y creo que Poio I., los tres atrás, porque: "tiene piloto automático".
Al bajar veo que se acercan Magu S. y Belu S., y la segunda: "vamos a ver a Martu".
No acepto, algo digo, creo que nada. Ellas siguen caminando, Magu S. vestida de negro, algo así como un sobretodo. Magu S. Yo: ¡NO PUEDO ESTAR EN EL SECUNDARIO Y EN LA FACU AL MISMO TIEMPO. ESTO HA DE SER UN SUEÑO!, es a gritos que lo pienso, que solamente yo oigo, aunque estos son sordos. Entonces razono, tengo que hacerlo, quiero...

Suficiente. Lamentablemente para el espectador y para mi no puedo publicar el contenido de los sucesos posteriores porque no son aptos para el consumo virtual. Espero se conformen con este breve resumen y una reflexión si es que tengo ganas de escribirla al final.

Entonces razono, tengo que hacerlo, quiero... elegir a sabiendas de que estoy soñando. No puedo ser más específico. Si no hubiese involucrado personas reales vivas quizás hubiese podido ahondar, pero necesitaba tratar de expresarlo tal cual lo hice consciente al despertar (tomé notas un rato después de levantarme, de todos los hechos para que el tiempo no los borrase).

Me queda la satisfacción de haber elegido dentro del sueño y prueba de esto es que al despertarme, sentí que el camino que había escogido era conscientemente el que deseaba soñar. Sin embargo no me encuentro satisfecho con este argumento y lo refuto alegando que esa elección fue frustrada en un primer momento por el sueño, en tanto no se me permitió soñar lo que quería y me vi forzado a una segunda opción, la cual llevé a cabo pero rodeada de elementos que no podía manejar y que yo, aunque me repetía que era un sueño, tomaba como condicionantes "reales" a mis elecciones. En fin, esta fue la vez que casi venzo al sueño, espero poder tomarme revancha.

martes, 5 de abril de 2011

¿Culpable o Inocente?

Mi teléfono celular quedó inconciente en un asiento de colectivo. Colectivo de media distancia, para colmo. Demasiado larga como para encontrarlo, demasiado corta como para dejar de buscarlo.
Y así ocurrió. Ese fue todo el maldito episodio que me dejó incomunicado de la gente que quiero, si me refiero a la comunicación posible mientras camino por la calle. Ya mi bolsillo no puede vibrar por motus propio, ni puedo escuchar ese aberrante ringstone que me ponía siempre de mal humor.
Han pasado varias semanas desde aquel determinante hecho, y hoy en día puedo decir que quedaron secuelas del incidente. No porque extrañe sus aparatosos botoncitos y sus gráficos de Family Game, sino porque todavía estoy como en una nube de confusión, en la que no puedo terminar de resolver dos problemas.
El primero de esos problemas, es que no se si perder el celular fue una señal como para desacerme para siempre de ese brutal aparato, esclavizador de abogados vestidos con trajes Christian Dior, lavador de cerebros de minitas que viajan en colectivos mandando mensajitos, salvo que ellas no lo pierden porque lo tienen todo el viaje en la mano, apretando las teclitas y haciendo un sonidito que sólo puede ser comparado con el zumbido de un mosquito en el oído, en una noche calurosa cuando no te podés dormir. Es relajante no tenerlo más, pero el problema surge cuando me doy cuenta de que se volvió muy necesario en la civilización actual.
El segundo problema es que me surgió un debate filosófico en mis adentros, y he aquí la esencia y el objetivo de estos renglones.
Es común en el mundo occidental globalizado en el que vivimos que habiendo poseído un objeto durante un lapso de tiempo determinado, el hecho de ya no tenerlo, va de la mano con que ese objeto ha sido víctima de un hurto. Sí, un robo, y no importa si es de un raterito callejero o de un ladrón a sueldo, siempre las desposesiones de objetos que fueron adquiridos mediante el dinero o las rifas, son asociadas con las sustracciones ilegales. Y comento lo antes mencionado, porque cuando hoy me preguntan mi número de celular, instantáneamente, casi como de memoria, contesto que me lo robaron. Entonces, señoras y señores, podemos ver que esa respuesta que doy, se contradice con el comienzo de éste escrito, ya que en él cuento que mi celular quedó en el asiento de un colectivo.
En fin. Mi problema es que no puedo entender si el celular, que estoy casi seguro que en estos momentos reside en las manos de algún ser humano de tez indefinida, fue robado, o fue encontrado. Y la duda surge al entender a un robo como la sustracción ilegal de un objeto privado. Porque si bien mi celular estaba solito y solo en un asiento, sin dueño, abandonado, el celular no era público, aunque el colectivo si lo fuera. Cuando alguien deja un auto estacionado, lo deja en la vía pública, y el objeto privado (el auto) queda sin el dueño, lo cual deja en claro que de ser sustraído dicho vehículo, el actor debe ser penado con prisión. Bueno, si suponemos que un colectivo es público como la vía pública, y el objeto abandonado por el dueño como el auto susodicho, es el celular, estamos hablando de un caso similar, en el que el nuevo poseedor del teléfono móvil debe ser penado.
A la vez, entiendo como "encontrarse algo" al hecho de mirar hacia determinado lugar y encontrar un objeto. Al no tener dueño y no ser reclamado por nadie, no es un robo, siempre y cuando no se sepa de quién es el objeto. Entonces, si en la teoría básica fue robado y a la vez encontrado, estamos teniendo un vacío teórico, que debe ser resuelto con la subjetividad. Pero... ¿Con la subjetividad de quién? La del delincuente que ahora lo tiene, diría que es encontrado, pero la mía diría que es robado. Además, el que lo encuentra tiene que buscar algún número en la agenda de contactos y llamar para devolverlo. Pero la Constitución Nacional dice que una persona tiene libertades, por lo que podemos decir que éste ratero tiene la libertad de quedarse quieto en lugar de moverse para devolverme el celular. Y "moverse", abarca mover los dedos de las manos para buscar un contacto en el teléfono. Además, si el que encontró el celular es una persona igual a mi y lo llama a declarar la justicia si alguna vez lo encuentra, él puede decir que soy yo mismo que ya encontró su teléfono. Y si la justicia nos ve cara a cara a los dos iguales, puede cometer el error de encerrarme a mi por equivocación.
¿Entonces mejor creo que el tipo se lo encontró?
Pero quizá el robo no lo cometió la persona que lo encontró, sino más bien, lo cometí yo. Ya sea por haberle robado tiempo a las personas que hoy en día me mandan un mensaje sin saber que nunca lo leeré, sin saber que perdí mi teléfono, o le robo parte del tiempo a las personas que se las tratan de ingeniar para ver como pueden comunicarse conmigo si no tengo teléfono, y cosas así.
En conclusión, podemos ver esto desde el principio de causalidad, o podemos verlo como hechos aislados. Si lo vemos de la primera forma, yo tenía un teléfono que compré, lo usaba, subí a un colectivo con él, por subir al colectivo y descuidarlo, lo perdí, como quedó en el colectivo lo agarró una persona, y ahora esa persona tiene mi teléfono. En ese caso, esa persona tiene mi teléfono, me pertenece, y esa persona me debe algo. Pero si lo vemos de la otra forma, como hechos aislados, yo tenía un teléfono, ahora no lo tengo. Una persona tiene un teléfono que antes no tenía. Coincidimos solamente en que el fin de mi teléfono fue en un colectivo de media distancia, y el principio del suyo fue en el mismo lugar.
Lo que no se y nunca voy a saber, realmente, es si el colectivo en el que perdí el teléfono, es el mismo que el colectivo en el que ésta persona se lo encontró. Porque cuando me bajé, no quedaba ningún pasajero a bordo. Puede que ese colectivo haya caído por un barranco. Entonces, el que encontró el teléfono, lo encontró en otro colectivo...

Pero si el teléfono es el mismo... Bueno, pero recién estaba hablando de dos hechos aislados, dos teléfonos aislados, dos casos aparte.

¿Ah, sí? ¿Y como voy a saber? Si el teléfono no existe, por lo menos en mi mundo. No tengo forma de comprobar si es el mismo. ¿Universos paralelos?
No se, pero el teléfono es un teléfono ficticio, que no existe, y que tal vez alguna vez existió. Si es parte de un universo paralelo, o de un sueño muy real que tuve, no lo puedo comprobar.
Quizá tenía un 50% de posibilidades de que no me lo olvide en el asiento y un 50% de posibilidades de que sí ocurra. Al bajarme del colectivo, me lo olvidé tanto como lo traje conmigo. Quedó en mi bolsillo con el mismo porcentaje con el que quedó en el asiento. Puede que su cuerpo se haya dispersado y evaporado por ahí, pero su esencia sigue conmigo.

Por eso, sólo creo en lo que veo, y lo que veo, no siempre es lo que creo estar viendo.
A mi teléfono no lo veo, entonces no entiendo para qué sigo, siquiera, hablando de él.
Y no es lo mismo hablar de un difunto, que por más que no se lo vea, se lo recuerda o se sigue hablando de él. Una cosa es el recuerdo, otra cosa es preguntarse en donde andará. Puedo recordar los lindos momentos que pasé con mi telefonito, pero no tiene caso preguntarme por su paradero.
Y menos si se trata de un bien de uso, con una vida útil de no más de tres años, que es facilmente reemplazable.

Acabo de hacer una pausa. Pensé dos segundos y toqué mis bolsillos con las manos. No hay nada en ellos.
Por un momento pense que si me concentraba mucho, por ahí me encontraba con mi celular...

viernes, 4 de marzo de 2011

Variación en el habla

La diversidad cultural que se produce en los híbridos procesos de aculturación en una sociedad, tiene como una de las consecuencias distorsión en los modos de expresión idiomática de los individuos. Cabe aclarar que hay formas de expresión que están más aceptadas que otras, y esto se debe a que, probablemente, la forma de expresión que impone la cultura dominante, es la que será vista como la correcta o la recomendada. De todas maneras, no significa que otros sectores de la sociedad, en donde rigen las subculturas, no tengas derecho a expresarse a su antojo.

A continuación, comprobaremos la anterior hipótesis con ejemplos claros encontrados en la vida cotidiana.
Fueron creados seis personajes, cada uno perteneciente a un ámbito social distinto, para reproducir a través de ellos las distintas formas de expresión que existen hoy en día en nuestra sociedad.

Personajes:

1) Un hombre que ha pasado su adolecencia metido en una escuela militar, que ha ejercido la profesión de policía de la provincia de Córdoba. Un tal Ricardo Juarez.

2) Un manyín de por ahí, que asiste eventualmente a recitales de Rock, toma vino en plazas, deambula por la zona del abasto y tiene un par de rastas en la cabeza. El viejita.

3) Una diplomática rectora de una importante universidad. Isabel Pérez Haedo García Lorca.

4) Un cuartetero que asiste todos los fines de semana al estadio del centro a ver La Mona o La Banda de Carlitos, usa gorra, ropa Nike de Feria y tiene un tatuaje con el nombre de la madre. El Araña Pollito, le dicen.

5) Una simple señora mayor, que tuvo una vida laboral ardua, que ya se jubiló y se dedica a ir al médico y a mirar el programa de Tinelli. Le suelen decir Ube.

6) Una mujer cuarentona, muy mona, top, que va al gimnasio y se hizo las tetas. No dice ni el nombre ni la edad.


Seguido de eso, al estilo Peter Capusotto en uno de sus videos, se les pide a estas personas que traduzcan a su lenguaje cotidiano las siguientes expresiones:

a) Se me perdió el celular.

Ricardo Juarez: Tengo un cero cuarentaidós, extravío total o parcial de mi comunicador.

El Viejita: Uhh, vieja, todo mal... Perdí el fono...

Isabel Pérez Haedo García Lorca: Caráspita. Se me perdió el teléfono móvil.

El Araña Pollito: Chori, me desapareció el pinchilón con el que me bolaceo con la guacha...

La Ube: ¿Dónde estará el aparatito? Lo he de haber perdido... Voy a llamar al plomero para ver si me lo encuentra. Es de amorooooso el chico...

Cuarentona Top: ¿Y el celu? ¿Dónde está mi celu? ¿Que onda? O sea, Hello... No encuentro mi celu.


b) No te creo.

Ricardo Juarez: El testimonio es negativo. ¿Puede verificar el mismo?

El Viejita: Me estás charlando, langa...

Isabel Pérez Haedo García Lorca: Patrañas. La inverosimilitud de tus palabras es evidente.

El Araña Pollito: Caiesé... te va a crecé la narí, pinocho feroz...

La Ube: ¡Me estás cachando, te calé!... Dejáte de embromar.

Cuarentona Top: Sorry, che, pero no te creo ni un poquitín, gordo...


c) El hombre estaba nervioso y sin querer se cayó por la ventana. Murió inmediatamente.

Ricardo Juarez: El masculino se encontraba en estado de exaltación emocional, mientras que al mismo tiempo el susodicho se apoya en uno de los parates de un escape de aire, el cuál no resiste, haciendo que el cuerpo se de a la fuga, derivando en la muerte del mencionado.

El Viejita: El chabón estaba así, re loco, no se que le pintaba, y se fue al muere por la ventana, así de una, el chabón.

Isabel Pérez Haedo García Lorca: El hombre sufría de una descompensión psicológica y, por accidente, se cayó desde la ventana y falleció. Que en paz descanse.

El Araña Pollito: Torre Gemela, le decían al culiau. Se caió para abajo y se hizo mierda todo. Que si io, lo debe habé cagao la guacha. Más te vale que no me hagá lo mismo, Marta, tamo?

La Ube: El tipo estaba en su casa, buen mozo el chico, había discutido y de repente se cayó por la ventana. Ooooh, vieras vos el porrazo que se pegó! Ya prendí una velita para que se recupere...

Cuarentona Top: No, no, no... No sabés la que me enteré hoy, loqui... Un tipo se cayó del balcón, así, de una, PUM. Que barbaridad, no te la puedo creer!


d) Amor mío, perdoname.

Ricardo Juarez: Natalia Natalia, le hago presente mis disculpas por el episodio anterior.

El Viejita: Me perdonás, cabeza?

Isabel Pérez Haedo García Lorca: Lo ocurrido me avergüenza. Te hago presente mi pedido de disculpas, ser querido.

El Araña Pollito: Marta, volvé, no te fajo má...

La Ube: Ooooy, que cabeza de novia! Perdoname, Sergio... Digo Francisco... Digo... Estoooo... José.

Cuarentona Top: Sorry, gor... Todo bien, chancho, o sea, ya fue...



Y ahora, mis amigos, surgen las interactivas incógnitas para que resuelvan en casa:

-¿A quién de los seis elegirían si tuvieran que recomendarlo como profesor de nuestro idioma para los extranjeros?
-¿Con la forma de hablar de cuál de los seis se sienten más indentificados?
-¿Encontraron alguna vez algún personaje como el Araña Pollito? ¿Encontraron alguien más gracioso que ese tipo de personajes?
-¿Desearon alguna vez que el hombre que se caiga por la ventana sea en realidad la mujer personaje número seis?

Y la pregunta del millón:

¿Por qué la forma de hablar de las personas causará en uno tantas sensaciones, sentimientos o prejuicios?

viernes, 18 de febrero de 2011

Contratapa

Hace un tiempo me senté a releerme. Encontré dibujos y garabatos alrededor de las letras que parecían escupidas por el lapiz encegecido por el torbellino de pasiones que lo invadían. Las frases sentenciaban, orgullosas, ideas que se creían originales y solo eran un reflejo fugaz en el charco intelectualoide de la vida. Aunque llenas de espacios comunes, carentes de estética y poética, no se podía negar su naturaleza visceral; casi que era lo único reconocible en ellas. Las páginas de la vieja libreta se deshacían en mis manos mientras mis ojos intentaban captar un poco de aquello que fui en algún momento. Las imágenes retornaban difusas, titubeantes; se reconstruían hoja tras hoja, letra a letra, cambiando a la vuelta de cada punto, de cada día y cada año que me separaba y me acercaba a ese muchacho absorto en sus pensamientos. Mi vida, a la luz de aquella pequeña ventana, era turbulenta y apasionada; solo la eterna necesidad de anclarnos en el tiempo había manchado aquel rapsódico relato, dotándolo de una inamovible dimensión cronológica. Lo que pudo haber sido un grito desgarrado en la noche, solo fue un tímido tarareo en una tarde camino a casa... por un momento, pequeño y frágil momento, fui aquel grito...
Lentamente fui volviendo las hojas y borrando una a una las fechas que me negaban la existencia mítica. Tal vez un día me relea y sea otro, ni mejor ni peor, solo otro.

jueves, 17 de febrero de 2011

La verdad sobre los exámenes

Para aprobar un examen, hay dos opciones: La forma correcta y la forma incorrecta.
La forma correcta, por supuesto, es estudiar. Esto se debe a que el objetivo de un examen escolar es reflejar los conocimientos que se poseen en un determinado campo científico. Y la meta que hay detrás de esto es formarse teórica e intelectualmente para obtener herramientas que después nos permitirán enfrentar la vida estando más aptos y preparados.
Pero la verdad de la milanesa, es que a veces, un examen, por más que nos matemos estudiando, puede no brindarnos nada.
Reprobar un examen, no significa ser un ignorante y no es motivo de preocupación. Claro, si es que ese examen no es, por ejemplo, para pasar o no de año, y esas cosas importantes. A veces no se tienen ganas de estudiar por hacer algo mejor o más divertido. Los conocimientos necesarios para aprobar, los podés adquirir después.
Lo mejor, en esta vida, creo yo que es aprender y aprender ilimitadamente, pero eso no sólo se gana estudiando, si no también viviendo y poniendo en práctica los aprendizajes.
Toda esta introducción, la hago para brindar al lector un método que solucionará esa intranquilidad que se tiene cuando se enfrenta un examen sin tener ganas de estudiar. Y la solución, no es precisamente estudiar, sino simular.
Un capítulo de Los Simuladores, mostraba distintos métodos en que un alumno aprobaba todas las materias de marzo con ayuda de éstos controvertidos muchachos, de una manera entretenida y exagerada.
A continuación, dejo un método que será cien por ciento efectivo si es que se cumplen todos los pasos al pie de la letra, y, por supuesto, con la suerte a favor. Pero la suerte es lo de menos, si los pasos se ejecutan correctamente.

Todo puede variar dependiendo de la estrictez de la institución a la hora de tomar exámenes, de la estrictez de los profesores y de la solidaridad de compañeros o de amigos que te ayuden a llevar a cabo el simulacro. Además, es más fácil efectuarlo en exámenes en donde las respuestas van en hoja aparte, y generalmente, depende de la materia y el tiempo que te lleve responder los preguntas. No es lo mismo responder una prueba de historia que una de matemática, porque lleva más tiempo pensar y escribir las respuestas de historia que las de matemática.

Primer paso (Conseguir las herramientas necesarias):

-Un par de hojas.
-Dos lapiceras de igual color.
-Una cartuchera.
-Una mochila.
-Un humano que realice el traslado de hojas. (Alguien no muy conocido por el profesor, que pase desaprecibido).
-Un humano con muchos conocimientos de la materia, que será el encargado de resolver el examen por nosotros.

Segundo paso (Establecer ubicaciones y puestos de ejecución):

-Elegir el banco en donde uno se sienta durante el examen. Es ideal que éste esté situado al lado de una ventana. En caso de no haber ventanas accesibles, ya sea porque el profesor te siente en otro lado, o porque las ventanas no tienen acceso al pasillo de la escuela o por la razón que sea, sentarse en un banco de adelante, cualquiera. Ésto ayudará a que el profesor desconfíe mucho menos. O no desconfíe. Porque no todos los profesores piensan que somos tranfugas.
-Establecer un lugar para que el que resuelve el examen esté esperando la hoja. Dicho lugar tiene que ser seguro, en donde nadie pueda molestar ni sospechar nada. Lo ideal sería una biblioteca de la escuela. Además, mientras más cerca esté del aula en donde estamos, mejor, porque eso permitirá reducir el factor tiempo.

Tercer paso (Establecer los tiempos):

-Arreglar con la persona que lleva y trae las hojas en qué momento deberá rondar por el aula para hacerse con la hoja que le demos.
-Dejar en claro el tiempo que tendrá la persona que resuelve el examen para poder entregarlo a tiempo. No serviría de nada que tarde un día para resolverlo, porque el profesor ya se habrá ido y seguramente no nos dejará llevarle el examen a la casa.

Cuarto paso (Asegurarse de cuáles serán las variaciones que se harán definitivamente):

-Esperar hasta que el profesor llegue al aula y comience el examen para comenzar el plan. Eso permitirá que el que se encarga de llevar y traer las hojas sepa si el cambio se hará por la ventana o mediante otro método.
-Inventar una comunicación por señas para indicar los momentos y las formas de intervención de ésta persona.

Quinto paso (Ejecutar el operativo):

Llegar temprano para reservar lugar. En caso de que hayan reservado el lugar que queremos, sobornar o convencer al compañero que lo haya hecho, aluciendo que tenemos un plan brillante. Eso le dará intriga y te lo brindará fácil, sobretodo porque él seguramente estudió y le da lo mismo sentarse en donde sea. Además, si se quiere copiar, preferirá sentarse al fondo, así que pedir un banco de adelante no será una gran dificultad.
-Sentarse en el banco al lado de la ventana, en el primero de la fila.
-Si por alguna casualidad nos cambian, tratar de ir a otro de adelante. Si no, no importa, tenemos la cartuchera.
-Cuando nos entregan el examen, empezamos a copiar las preguntas en una de las dos hojas extra que tenemos. El profesor creerá que estamos resolviendoló, y no tendrá ninguna sospecha de nada, porque todos los alumnos estarán escribiendo en su hoja.
-Si se acerca el profesor, tratar de dar vuelta la hoja para que no se vea el contenido de lo que escribimos. Si no, agarrar la calculadora, o el diccionario, o algún objeto que nos sea permitido tener sobre el banco. Si no, hacer cara de pensante y mirar fijo algún punto equis.
-Lo peor que puede pasar, es que se de cuenta de que copiamos el examen. Si lo hace y estamos junto a la ventana, nos puede cambiar de banco. Si ya estabamos en otro, nos quitará la hoja. La explicación será que lo copiamos para poder tenerlo en casa para resolverlo como ejercitación en caso de reprobar. Eso puede afectar el operativo, pero es muy difícil que el profesor nos descubra copiando el examen.
-No demostrar nerviosismo en ningún momento. Hay más por ganar que por perder. Cuando seamos viejos marineros recordaremos eso como una estupidez graciosa si es que nos salió mal.
-Una vez con el examen copiado, tirarlo por la ventana cuando el profesor esté distraido. Estos momentos serán cuando le esté evacuando dudas a otro compañero. (Podemos pedirle a algún compañero que lo llame a propósito para ayudarnos).
-Si es que no estamos junto a la ventana, guardarlo en la cartuchera. Ahí se le harán señas disimuladas a la persona de afuera para que entre. Si no hay ventanas, un mensaje de texto será util. Si no, darle a esa persona previamente un margen de tiempo para que entre cuando él crea que el examen ya está copiado.
-Una vez adentro, pedirá permiso al profesor para pedirnos la cartuchera porque tiene que ir a rendir otra materia. El profesor no se negará. En caso de negarse, hacer de cuenta que la situación es real e histeriquear para que el hombre permita que el muchacho pueda irse a rendir con su cartuchera.
-Sea como sea, por la ventana o por la cartuchera, cuando el muchacho ayudante tenga el examen copiado en su poder, todo estará en manos de segundos y terceros. Él la llevará al inteligente que responderá las preguntas. Mientras tanto, nosotros nos quedamos sentados, con la otra hoja extra que nos sobró, escribiendo estupideces, como textos para publicar en un blog, o algo que haga parecer que estamos resolviendo de manera común y corriente el examen. Por supuesto, no tomar ninguna postura nerviosa o sospechosa.
-Una vez que la persona haya resuelto el examen, con ayuda de sus conocimientos y libros de la materia, vendrá en persona o enviará al mensajero para darnos la hoja resuelta. Es muy importante tener en claro que debe ser resuelto en una hoja aparte a la que le enviamos, porque no sería lindo que el profesor vea una hoja con las preguntas y las respuestas escritas con letras distintas.
-Si el mensajero tuvo que hacer lo de la cartuchera, mejor que ellos dos se consigan otra persona para traernos la prueba. Si no, no hay mucho problema.
-La prueba nos la puede traer de diversas formas. Si estamos en el primer banco junto a la puerta y la ventana, es más fácil, porque puede entrar al aula preguntando algo y dejarnos la hoja de costeleta. Si no, por la ventana es otra opción. La más segura, porque también sirve si estamos en otro banco lejano a la ventana, es que la traiga dentro de nuestra mochila, que, previamente, se la habíamos dejado a ellos. Le dice al profesor que se tiene que ir y nos deja eso, en donde sacaremos del bolsillo más accesible la hoja con las respuestas.
-Una vez con la hoja en manos, que será la parte más difícil del operativo, todo será como si lo hubieramos respondido nosotros en terminos legales. Ahí ya podemos tirar chistes, conversar con el profesor, cancherear y esas cosas.


Todo el plan, no garantiza resultados positivos. Conozco un caso en donde todo salió a la perfección y el alumno, amigo mío, reprobó por la incompetencia del intelectual que resolvió mal los ejercicios.
No es recomendable ejecutarlo en exámenes que determinen nuestro futuro, como una materia previa en su última instancia, o esas cosas complicadas.
Conozco cuatro ocasiones en donde el plan se ha ejecutado, y he participado en tres de ellas. Dos veces como movilizador de hojas y una como alumno rindiente. La cuarta, me la han contado. En las cuatro oportunidades, el plan salió a la perfección, así que, si se eligen las personas correctas, inteligentes, astutas y pícaras, hay un cien por ciento de efectividad que nos respalda.

Mañana voy a ejecutar este plan otra vez.

Que comiencen aquí las apuestas, señores...

jueves, 20 de enero de 2011

La puta que los parió

Estoy podrido de esconderme de la luz para poder pensar tranquilo en que tengo que salir de la sombra para iluminarme un rato. Estoy también podrido de mi saturadora manera de comprender una realidad que de entenderla de un modo más simple me volvería iluso. Estoy cansado de viajar largos trechos agotadores que comienzan en mi mente y no avanzan, se quedan en ella, dejándome estancado siempre en el mismo lugar. Estoy cansado y también harto de creer que buscándole la vuelta a un problema todo terminará mejor de lo esperado, mientras que de no hacerlo todo termina de la peor manera. Porque la solución parece estar a la vista, pero tardo siempre un año luz hasta encontrarla.
Las casitas de madera que rodean la laguna de mis pensamientos esconden cada una un universo, por lo que caigo en la cuenta de que mis despertares no me alcanzarán para caminar por todos y cada uno de ellos. Por las noches, del centro de la laguna florecen estrellas que titilan como luciérnagas y se quedan ahí flotando, en silencio, dejando sonar tan sólo la orquesta desafinada de los grillos y las chicharras. Lo curioso es que yo miro al cielo y me creo que las estrellas están allá arriba y la laguna sólo es un espejo que las refleja. Pero me equivoco, no es así, las estrellas nacen en el agua y el cielo las copia, porque está tan lejos de mi que se siente aislado e intenta imitar aquello que tengo más cerca.
Un camino parece iluminarse debés en cuando, cuando parezco ahogarme en aquella laguna en la que ni siquiera estoy metido, pero de sólo verla, me falta el aire. A paso presuroso marcho por el camino que me conduce a una salida momentanea, un instante de oxígeno, un suspiro de paz. Y cuando puedo respirar, puedo ver con mayor claridad.
Ya no estoy podrido de esconderme de la luz, porque ni siquiera lo hago. La disfruto, dejo que ella me apuñale en el pecho y me sobrecargue de energía. Tampoco estoy podrido de mi saturadora manera de entender la realidad, porque por un tiempo dejo de entenderla. Ni la entiendo, ni me interesa hacerlo. Ya no viajo por ningún trecho ni le busco la vuelta a nada, porque no lo necesito, porque todo está ahí: Ahí comienza, ahí termina.
Un instante, no más que eso. No es el ayer, no es el mañana. No es el pasado, no es el futuro. Tampoco puedo decir que es el presente, porque el presente tiene nombre de regalo y ese instante está muy lejos de ser regalado. Me lo gané, porque yo llegué solo a ese lugar.
De repente mi laguna desapareció, ya no está más. Tampoco las casitas de madera con los universos a su alrededor y mucho menos las estrellas flotando en ella. Ahora las estrellas están bien arriba, en un cielo que no se siente solo porque ya no siente, si no que hace sentir. Pero ahora, abajo del cielo aparece algo nuevo. Y eso sólo puede verse saliendo de esa laguna, siguiendo el camino que te aleja de ella. La vista fija en el horizonte, en donde no se ve más que agua. Es un mar. Un mar con olas, que me mojan los pies mientras respiro aire puro de libertad. De noche, las estrellas no se reflejan en él, porque él tiene cosas más importantes que hacer que reflejar astros inalcanzables.
Yo no se si es de día o de noche, pero que me importa eso si estoy viendo salir al sol en aquel lejano horizonte. Un segundo antes era de noche, un segundo después es de día. ¿No es demasiado poco tiempo un segundo para determinar una diferencia tan grande?
Pero las turbinas que hacen funcionar ese instante, esa sensación, ese nuevo mundo de oxígeno puro, comienzan a detenerse. Me llaman del otro lado. Hay que volver. La laguna ya no está tan saturada porque parte de ella me acompañó al mar, y al enamorarse de él, decidió quedarse ahí. Entonces, vuelvo más calmado.
Al fin y al cabo, es mí laguna, porque ahí es donde crecí, y soy lo que soy gracias a ella. No es tan triste volverla a ver, pero seguramente no lo es, porque ahora se que cuando me vuelva a ahogar en ella puedo volver al mar.

martes, 18 de enero de 2011

San Marcos Sierra

Se ha detenido el tiempo para San Marcos. El río fluye, la gente fluye, el sol camina de Este a Oeste y al caer la noche la chicharra comienza sus plegarias. Hay verdes, rojos y amarillos durante el día, y los hay también coreados por estrellas; hay silencios que permiten sinfonías al oído educado, naturales y culturales.
Pero un reloj es solo girar de agujas para San Marcos, no tiene sentido. Hay mujeres hermosas, feas y hasta horrorosas, pero todas bellamente sincronizadas con la Sierra; hay hombres que no lo aparentan, machos y decadentes: Una ensalada de vidas convergen en murales andantes que en nada echarán raíces y serán parte del paisaje.
Es una película de cowboys, un antro cubano, un negocio europeo, todo en lenguaje castellano, y sin embargo ningún cristiano. Dios es la tierra y sus frutos, nómades y sedentarios; la iglesia se lleva dentro y se evangeliza sonriendo, hablando, cantando; la religión es el sentido común de estar vivo sin hacer daño, al menos no tanto. Algún yuyito mágico como moneda corriente y la libertad como bandera hacen de esta gente el arché de la vida; no hay trabajo aquí para psicólogo pues los locos son sanos, y hasta los más sanos están locos, no entienden de progreso y desarrollo, porque ellos ya son perfectos.
La madrugada es cuando se amanece , las doce cuando pinta el hambre, en el río nace la tarde y la media noche cuando el pueblo arde. Ningún artefacto del hombre podrá marcar jamás el latido de San Marcos Sierra.

El único calendario que se consigue comprar, no entiende de días, meses o años, es solo un papel que tiene estampado simplemente: HOY.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Exámen de discriminación

Exámen de Formación Ética y Ciudadana
1- Lea la siguiente conversación de chat entre dos amigos y luego responda con los conceptos teóricos que al final de la hoja se solicitan:
-Dejé la bici veinte segundos contra la pared del kiosco, entré a comprar, salí y ya no estaba...
-Uh... ¿No viste quién puede haber sido?
-Seguro fue alguno de los paraguayos hijos de puta esos de la pensión...
-Sí, esos comerciantes de mierda, seguro la quieren empeñar...
-Sí, tilingos, roñosos, ratas de alcantarilla
-Jaja... Pijoteros y mafiosos
-Crotos, salameros
-Cazarecompensas, mercenarios, carroñeros
-Calañeros
-Fumigadores, vandoleros, piratas
-Vándalos, delincuentes, malvivientes...
-Buhoneros, impostores, trogloditas
-Desleales, tacaños, timberos
-Timadores
-Embusteros
-Embalsamados...
-Jajaja... Viles
-Reptiles
-Alguaciles
-Alcauciles...
-Sudados, trigueños, pescadores
-Forasteros
-Agro-exportadores, sedentarios, sanguinarios
-Cazadores-recolectores...
-Vampiros
-Embutidos
-Sanavirones, chalchaleros
-Rupestres, bandidos, campesinos con tuberculosis
-Silvestres, calchaquíes, leporinos
-Colorados, áridos, aldeanos
-Caras pintadas, descamisados
-Cicatrizados, rasgados
-Sarpullidos
-Arapientos, apuñalados
-Rebozados, aniquilados, embadurnados
-Empedernidos
-Minúsculos, aglomerados
-Pulgosos, gomeros
-Pelotudos
-Discapacitados, empalagosos, manufactureros
-Defectuosos
-Oriundos, originarios
-Ancestros, invertebrados, pecadores
-Deshuesados, primerizos
-Polluelos desgraciados...
-Fehacientes, desgarrados, fecundados
-Umbilicales, rústicos
-Desnutridos, aculturados, dogmatizados
-Perseguidos, foragidos
-Simios, frívolos
-Primates
-Interesados, acovachados, acolchonados
-Pentecosteces
-Precoces, inyectados, incautos
-Engatuzados, merqueros
-Necios, peruanos, militantes
-Marineros, charlatanes, denigrantes
-Francoparlantes, inmigrantes
-Cardiovasculares
-Chorreados, guerrilleros
-Buitres, anfibios, cojonudos
-Conventilleros, sanateros
-Xeneises
-Saboteadores, buscaminas
-Cabareteros
-Loqueros, estrambóticos
-Góticos, verosímiles
-Pederastas, infractores, colombianos
-Necrofílicos, precolombinos
-Denunciados, demandados, desempleados
-Emanados
-Invocados, ignorados, incultos
-Ignorantes, poseídos, retroalimentados
-Inculcados, incubadores, monigotes, déspotas
-Embraguetados, cazados, reptantes
-Enjaulados, ocicudos, asquerosos
-Moquientos, desleales, condones
-Descartables, proverbios
-No retornables...
-Infirngidos, flagelados, troquelados
-Infradotados, encajonados
-Desnudos, pésimos
-Nudistas, ahogados, mentirosos
-Manyines, chascarrilleros, traicioneros
-Pirañas
-Jabalíes, jeroglíficos, peste
-Egipcios, musulmanes del orto
-Liposuccionados, jesuitas
-Radicales, zarigüeyas, chocados
-Alimañas, cardenales perversos
-Despojados, desidentidados, violados
-Arruinados, rufianes
-Efervecentes
-Ebullidos, ensangrentados, congelados
-Apaciguados, petulantes, dementores, despechados, despiadados
-Desalmados, despistados
-Organigramas, salados
-Mutilados, mártires, martilleros públicos
-Revanados, hijos de la Mirta
-Grotescos, blasfemantes, criollos, gronchos
-Grasas, basofieros
-Medicamentos
-Brasas, adheridos
-Cretinos, jubilados
-Pegajosos, pensionados, sepultados
-Embaucados, asalariados, desahuciados, destruidos, enterrados
-Aracnofóbicos, lacrimógenos, leprosos
-Mencionados, manipulados
-Edulcorantes, masterizados
-Imperantes, cebados, yerbateros, pasteurizados, editados
-Montoneros
-Señores feudales, frijoleros
-Arrendados, chocarreros, puñeteros
-Descosidos, truchos
-Marihuanos, falsificados
-Despiltrafados, masticables, cotolengos, domésticos
-Empleadores, proletarios, precarios
-Karatecas
-Jajajaja... Parásitos, ruines
-Aztecas, pochocleros, africanos
-Cafeteros, cantineros, taberneros
-Biodos, guitarreros
-Pulposos, dramaturgos, frecuentados
-Pedagogos, consecuentes
-Socráticos, cartesianos
-Sofistas
-Sinvergüenzas, apostólicos
-Judíos, alfareros
-Pares ordenados, vírgenes
-Abstemios, ateos, pitagóricos, vegetarianos
-Bacteriales, recargables
-Infectocontagiosos, embarazados, empingados
-Carentes, carcomidos, sensibilizados, petrificados
-Análogos, cosificados
-Masificados, lingüisticos, disciplinados
-Producidos en masa, fruleros
-Brígidos, malevolos, fusilados por la cruz roja
-Mantenidos, renegados, rezagados, heladeros, especulados
-Exitados, agarofóbicos, zapateros
-Limosneros, yuyeros, lesbianos
-Cartoneros, marranos, maricones
-Canillitas
-Changueros
-Alados, cerdos, superfluos
-Efímeros, parapsicólogos, astrólogos
-Ahuecados, mullidos, mugidos, caravaneros
-Infantiles, cabezaduras, picapiedras
-Asarampionados, prismáticos
-Machacados, cercenados, masturbados
-Matacos, parlanchínes, dejados
-Cacos, repercutidos, dañados
-Aconsejados, malheridos, quimioterapéuticos
-Mayéuticos
-Inrónicos, salados, transpirados
-Deshabilitados, lisiados, paraguayos
-Bárbaros, berretas, zombies, pistoleros
-Ventrílocuos, caníbales, chusmas
-Druidas
-Bribones
-Zátrapas, subordinados, evacuados
-Calcinados, dañinos, perturbados, amaestrados
-Faloperos, guleros, cómplices
-Fúnebres, rehenes
-Dementes, malariados, mal criados
-Criadas, portadores de HIV
-Carapálidas, nerviosos, ajustados, extintos, menstruados
-Bicicleteros, donantes, domadores
-Mariachis, demacrados
-Criminales, vomitados, mezquinos, cazafantasmas
-Matreros, arrugados, cañaverales
-Censurados, lamidos, despeinados
-Ocupas, raspados, atropellados
-Pobres
-Mamados, santiagueños
-Peritos mercantiles
-Narcos, correntinos
-Reprobados
-Gringos entrerrianos
-Engripados, secos, desteñidos
-Mala leche
-Bueno, me llaman a comer
-Un abrazo.
Responda las siguientes preguntas:
a) ¿Cuáles de todos esos adjetivos utilizados son verdaderos disvalores? Identifique al menos 10 de ellos.
b) ¿Por cuál razón social utilizan términos que no son disvalores para discriminar?
c) ¿Agregaría usted algún término para referirse a los paraguayos que robaron la bicicleta?
Respuestas
a) Mala leche, desteñidos, narcos, pobres, faloperos, rehenes, portadores de HIV, dañinos, censurados y despeinados.
REGULAR
b) Porque son palabras graciosas para insultar.
MAL
c)Villeros
MAL
Vivir en una villa no es un disvalor, porque es sólo un dato que no habla de la forma de ser de las personas, si no del lugar en donde habita.

viernes, 26 de noviembre de 2010

El lugar indicado en el momento indicado

... Y tal cual lo dijo F. Hernandez... No muy obvio, digamos mejor Francisco H. " Es solo cuestión de sentarse y empezar, de a poco todo sale. Las ideas sobran" (1358). Pero semejante frase, si alguna vez se dijo, no podía tomarse a la ligera.
Sentarse...
Empezar...
Todo sale...
Sobran...
Eureka!!!!!
Por fin lo entendí, cientos de años viajando por todo el mundo y ahora comprendo que la respuesta estuvo siempre conmigo, en mi casa, en la casa de cada uno de los que nos leen y de los que no; en la habitación más pequeña y útil de toda la casa. El nido de las moscas más fáciles de atrapar. El spa de los pobres. El único lugar con aroma personalizado. La sucursal del budismo.
El baño. Solo sentado y pensando he podido resolver entrañable dilema de la vida, y ni esfuerzo tuve que hacer, pues todo apareció de golpe, casi ni llegué a sentarme... sí llegué a sentarme aunque es cierto que no hice mucha fuerza que digamos...
Como decía. Adentrarse en los confines del universo bañal es apto para todo público y altamente recomendable. En él podemos dejar fluir más que nuestra imaginación y plasmar nuestro... arte en donde elijamos hacerlo. Solo se necesita lapiz y papel; lienzo, pintura y pincel; arcilla; piedra, martillo y cincel; una pelota de fútbol... Y como bonus extra: ganas de usar el baño para lo que fue hecho.

No se olviden de tirar la cadena o apretar el botón o llamar a su Jaime para que lo haga por ustedes.

martes, 23 de noviembre de 2010

Historia de una historia...

Ésta historia trata sobre un muchacho que tenía ganas de escribir una historia, pero no se le ocurría nada. Pensaba, pensaba y pensaba, pero la nada era lo único que daba vueltas por su imaginación. Es decir, no tenía ninguna idea sobre qué diablos escribir.
Fue a la heladera, buscó algo para tomar y así refrescó su cuerpo y su mente. Una Paso de los Toros fue el pie para recomenzar la búsqueda de ideas. Se le ocurrió, por ejemplo, mencionar la marca de algún producto, para atraer a un público capitalista.
Volvió al escritorio, se sentó en la silla con rueditas, luego se recostó ligeramente y clavó su mirada en la ventana. Unos dulces pajaritos creaban una atmósfera de libertad, promovida por el ferviente retrato de naturaleza viva, logrando instalar en su deambulante pensar un dejo de tranquilidad. Entonces, se le ocurrió, por ejemplo, usar alguna frase poética que sonara linda.
Giró su cabeza hacia la izquierda y se encontró con su guitarra, ahí, apoyada contra la pared. La agarró y comenzó a hacerla sonar a ver si eso lo inspiraba en algo. Un par de canciones de Red Hot Chili Peppers fueron todo el repertorio, para luego darle fin a su acto musical. Al rato se le ocurrió que quizá quedaría bien citar el nombre de alguna banda de moda en su relato, para que la historia quedara más canchera.
Pero cuando intentaba agarrar el teclado y escribir, no le salía nada. Sentía como si pusiera siete delanteros en cancha y no pudiera hacer el gol. Pero de su cabeza seguían surgiendo ideas, como por ejemplo, usar términos futbolísticos para atraer al público masculino.
Todas las ideas del mundo estaban sobre la mesa, pero no podía conectarlas.
Para inspirarse aún más, decidió buscar en Internet el Blog "Trébol de Tres: Deshojando la modorra...", para así leer los relatos y obtener ideas. Pero no ideas muy brillantes obtuvo, más que citar algún símbolo familiar que cause sensación en sus parientes.
El muchacho ya cansado de tantas vueltas, como si fuese un bailarín del programa de Tinelli, se daba cuenta de a poco de que quizá no era el día para escribir. Ni siquiera su última idea de hablar de la farándula para atrapar a los televidentes chismosos fue lo suficientemente fuerte como para decidir escribir.
Pero cuando decidió levantarse de la computadora e irse a la cama resignado, miró el monitor de su computadora. Su historia ya estaba escrita.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Cuando se da vuelta la tortilla...

-Disculpe señor, ¿Podría decirme la hora?
-Lo siento, no llevo reloj. De todas maneras, no entiendo que es lo que debería disculparte.
-Simplemente mi interrupción.
-En todo caso soy yo el que no tiene reloj. Yo debería pedirte las disculpas. ¿Qué es lo que debería perdonarte?
-No lo sé. Nada, entonces.
-¿Nada? Una interrupción no es "nada", si no más bien "algo".
-Es verdad, pero lo que usted hacía era tan poco importante que mi interrupción fue equivalente a nada.
-¿Caminar por la calle te parece poco importante? Me dirijo a resolver asuntos importantes, eso es importante.
-Pero lo importante son los asuntos, no la acción de caminar que usted estaba efectuando recién. Creo que eso no era importante.
-¿Y por qué las disculpas entonces?
-No lo se. Una simple manera de dirigirme hacia usted.
-Esa simple manera es la que no comprendo.
-¿Qué es lo que no comprende?
-Nada a cerca de esa simple manera de dirigirte hacia mí.
-¿Por que no la entiende?
-Verás... Cuando te explicaron la teoría de la relatividad de Einstein, ¿Lograste entenderla a la primera vez?
-Quizá no...
-Bueno. Yo siento lo mismo que tú sentiste en ese momento.
-No, porque esa sensación puede variar dependiendo el momento.
-Veo que ahora la entiendes.
-¿Entender qué?
-La teoría. Esa, la de la relatividad.
-No del todo.
-Pero lo suficiente como para usar el termino "relativo"...
-Nunca usé ese término.
-Sí implícitamente.
-¿Qué tiene esto que ver con la manera en que me dirigí a usted?
-Lo mismo que tengo que ver yo contigo.
-¿Y qué es precisamente eso mismo?
-Aún no lo entiendo.
-Probablemente, pero... ¿A que se debe su duda sobre mis disculpas iniciales?
-Es quizá muy raro. Somos dos individuos de la misma especie que no logramos entendernos, a pesar de que hace un rato que estamos intentando ponernos de acuerdo.
-Estoy llegando a dudar de eso. Usted está llegando a parecerme de otro planeta.
-¿De otro planeta?¿Por qué lo dices?
-¿A caso en este planeta las personas suelen hablarle de la relatividad de Einstein cuando apenas hace medio minuto que lo conocen?
-Creo que no...
-Es por eso que usted parece de otro planeta.
-Tal vez tú eres el de otro planeta.
-¿Por qué yo sería de otro planeta?
-Porque estás hablando de otro planeta. Estás dando la posibilidad de que exista otro. Estás mencionando otro que no es éste.
-Todo el mundo sabe que hay otros planetas.
-Yo solo conozco este...
-Pero ha estudiado sobre el espacio y los astros, me imagino.
-Soy abogado. Nunca fui contratado en un caso intergaláctico.
-No me refiero a eso...
-Deberías entonces ser más específico en cuanto a lo que te refieres cuando hablas.
-Me parece lógico.
-Podría ser ilógico.
-No dije lo que es, si no lo que me parece.
-Muy bien, creo que ahora estás especificando más.
-Le agradezco su halago.
-Entonces estás disculpado.
-¿Por qué?
-Por haberme hecho perder todo este tiempo, cuando lo que únicamente necesitabas era saber la hora.
-El tiempo lo perdió usted, preguntándome cosas insignificantes.
-El tiempo no lo hubiera perdido si tú me hubieras respondido concretamente la razón por la cuál me pedías disculpas.
-¿Para que quería saber esa razón?
-Porque cuando tengo que hacer algo, me gusta saber por qué lo hago.
-¿Qué es lo que tenía que hacer?
-Disculparte.
-Pero usted sabía que fue sólo una manera de dirigirme hacia usted.
-Hubiese sido sólo una manera de dirigirse, si tú fueses otra persona y no precisamente la que eres.
-¿Qué tiene de malo que sea yo?
-Qué tú me hiciste perder un tiempo valioso, y ni siquiera puedo saber cuánto es, porque no tengo mi reloj.
-¿Eso es mi culpa?
-Sí. ¿Podrías devolvermelo?
-Está bien. ¿Cómo supo que lo tenía yo?
-Porque la hora de mi reloj estaba desconfigurada exageradamente.
-¿Y eso que tiene que ver?
-Que soy la única persona de la calle y no había nadie más que pudiera decirte la hora, entonces tuviste que preguntarme a mí para configurar el reloj que me robaste.
-¿Cómo se dio cuenta de eso?
-Porque una persona que roba delante de otras personas, suele salir corriendo y no quedarse hablando con la víctima. Como no hay ninguna otra persona, pudiste quedarte a mi lado. Además, me sacaste el reloj de la muñeca y te vi hacerlo. De hecho, me apuntaste con tu cuchillo.
-Entonces me está disculpando por robarle su reloj, no por robarle su tiempo.
-¿Y qué es lo que indica el reloj?
-La hora...
-¿Y para qué uno lleva la hora en su muñeca?
-Para saberla cuando desea saberla...
-¿No es esa una forma de controlar los propios tiempos de uno mismo?
-Puede ser...
-Entonces, al robarme el reloj, me estás robando mi tiempo. Yo tengo un problema: Necesito ver las cosas para creer en ellas. Si no veo el tiempo en mi reloj, no creo en él. Si nunca fui a otro planeta, no creo que exista otro.
-Pero si la hora estaba desconfigurada, usted no podía saber la hora, por lo tanto, no fuí yo quién robó su tiempo.
-Acostumbro usar mi reloj siete horas y veinticinco minutos atrasado. Se muy bien la hora que es cuando lo miro.
-Entiendo... Pero... ¿Por qué me disculpa, entonces?
-Porque ya tendrás un castigo peor y yo volveré a tener mi reloj.
-¿Cuál es ese castigo?
-Te lo dirá el oficial que te está apuntando desde aquella esquina... Supongo que será algún tiempo tras las rejas. No mucho si tienes buena conducta.
-Bien. Creo que debo rendirme, entonces...
-Necesitarás defender tus derechos... ¿Quieres un abogado?
-Si fueses tan amable...
-No hay problema. Solo quiero que sepas que mis servicios son muy costosos.
-Entiendo... Ahora es usted quién me roba...
-Con la diferencia de que te estoy advirtiendo con anticipación.

jueves, 28 de octubre de 2010

Manuscrito Anónimo

Una persona cualquiera. Una calle cualquiera. Un lugar cualquiera en un mundo cualquiera. Tres calles arriba una persona cualquiera derrama una lágrima cualquiera por su cualquieril mejilla. Cual quiera que sea el motivo, esa bolita de agua salada se estrellará en la vereda sin llamar la atención. El anonimato de su muerte es el fiel reflejo del ojo anónimo que la engendró; ojo que se emborracha de anónimas miradas en la anónima calle del anónimo lugar de ese anónimo mundo. Aquella persona cualquiera (que podría ser cualquier otra) ama sin saberlo a la persona anónima que llora en silencio calles arriba. Ésta, aunque no lo sabe aún (¿lo sabrá en algún momento?) derrama sus lágrimas por aquel amor que los une y los separa a tres cuadras de distancia. Sus vidas son una sola desgarrada en dos personas que se buscan eternamente.
Un paso de ésta es un paso de aquella. El amor se encuentra a tres calles cualquiera de distancia, siempre a tres calles. Los amantes ignorados, ignorando ese detalle, creen encontrarse en los rostros anónimos que pueblan sus vidas anónimas.

Los teóricos del Big Bang creen que en el medio de la Nada estalló el Todo. Resulta difícil concebirlo. Solo nos queda la certeza de que nuestro amor anónimo se despierta cada día a nuestro lado (y quizás no, pero eso no es lo importante).

lunes, 25 de octubre de 2010

El payaso que una vez fue

Una corbata azul era todo el colorido de ese aburrido payaso. Su semblante serio y su mirada intimidante creaban una atmósfera desafiante para todo niño y adulto que se animara a mirarle la cara. Él segregaba un pegajoso olor a insatisfacción que entumecía el ambiente en sus actuaciones. De mala gana, se limitaba a hacer algún que otro gesto con la cara, aunque solo se tratasen de muecas que reflejaban incomodidad. Claro, lo contrataban sin conocer sus verdaderas cualidades, y al encontrarse con su manera de actuar, sus contratadores se veían estafados. No querían ver desfilar por sus pasillos a un payaso infeliz. El mismo efecto producía en su público.
Cuando era despedido, terminaba en otro lugar, haciendo el mismo show, con las mismas malas ganas. Su rostro desinteresado era una constante en su figura. Su corbata a veces cambiaba de color, pero no dejaba de ser el único color que resaltaba en su imagen.
Un día se dio cuenta de que para ser payaso, uno tiene que hacer reír a los demás; y además hacerlos reír por voluntad propia, porque de nada sirve que se rían de uno sin que uno esté de acuerdo. Pero más allá de las risas, lo importante es trabajar con ganas. Fue entonces cuando decidió abandonar esa lamentable vida que llevaba, ese circo cruel que él mismo se había generado, se preparó y se dedicó a otra cosa. No importa a cual, si no que era algo que le gustaba, por lo menos, mucho más que seguir siendo un amargo payaso de circos crueles.
Claro, ésta vez si se lo veía feliz. Sonreía debés en cuando, y, una que otra vez, le sacaba alguna carcajada a alguien. Lo curioso es que en ésta ocasión tampoco tenía trajes coloridos y mucho menos una nariz roja, pero por lo menos nunca se había vuelto a poner ninguna de esas corbatas que solía usar mientras era empleado en trabajos medio pelo, por dinero más que por convicción. Payaso en el sentido ridículo.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Boleto Capicúa. ¿Ciencia o Mito?

Reseña Histórica.

América 1492. Un nativo se toma el A-cococho, su boleto: /#/H/#+ (1413142). Llega a la playa, a lo lejos se acercaban tres carabelas.
1816. San Martín se toma el K-rreta, su boleto: 11112. Se come una mina que pintaba fácil, a la hora de los bifes... era un traba.
1831. Sarmiento se toma el K-rroza, su boleto: 79496. Entrega una banda de guita para construir un cabaret, se mezclan los planos. Se construye la primer escuela.
México 1986. Maradona se toma el A-vion, su boleto: 333. Hace "La mano de Dios" y se manda esa corrida bestial desde mitad de cancha.
Argentina 2001. De la Rúa se toma el "ya salgo Jaime, andá abriendome la puerta del coche", su boleto: 666. Ese día se pudo escapar en helicóptero antes de que lo cocinaran en las cacerolas; cobra jubilación de presidente.
Hasta aquí me he contentado con poner los casos más destacados de la historia de los hombres, pero hay millones como boletos capicúas y boletos pijas hay en el mundo.

Teoría existencial del boleto capicúa.

En la base fundamental de esta teoría advierto que el boleto capicúa carga positivamente (P) los sucesos posteriores al concreto acto de adueñarse del mismo. Por el lado opuesto los boletos aledaños al capicúa a los que he llamado "PIJA" (Por Idiota JA!), a través del mismo acto, cargan de forma negativa (N) dichos sucesos. Si bien esto no está completamente claro, sostengo que el efecto sea, N o P, dura hasta que nos adueñamos de otro boleto, sea cual sea.
Una vez expuesta la teoría general prosigo aclarando algunos detalles que me parecen importantes. El acto de adueñarse del boleto capicúa es tal en tanto que implica que consciente o inconscientemente tomamos el boleto y lo conservamos como nuestro. Esto se ve más claramente cuando aparece el señor que controla boletos, al que le entregamos NUESTRO boleto y al que claramente le decimos "lo perdí" cuando no lo tenemos o lo tiramos por la misma adrenalina que nos produce pensar que puede venir el controlador y nosotros no tenerlo. Si lo cambiamos por otro entonces el que recibimos es nuestro boleto por que así lo hemos decidido.
Otra cuestión es la que refiere al grado de la carga, esta es proporcional a lo "copado" que sea o casi sea el capicúa. Es más copado P el 1111 que el 0323 (los ceros a la izquierda no alteran la capicuez pero sí se consideran cuando hacen al capicúa o al PIJA - 0440 y 0441 respectivamente), así como es más copado N el 1110 que el 0322.
En conversaciones con Woody Allen hemos logrado establecer la forma en que el boleto afecta los sucesos posteriores. Se trata de un super efecto placebo. Es decir, que al creer que esta teoría es real, automáticamente activamos la zona de la neocorteza frontal y comenzamos a producir hormonas suertarias que atraen la suerte N o P, según sea el boleto, también activamos el hipotálamo con lo que ponemos cara de "¡que bosta!" o "copado" respectivamente.
Por último, mientras me babeaba pensando en Scarlett Johansson he llegado a la conclusión de que esta carga se puede repeler, predisponiéndose uno enérgicamente y a través de nuestra conducta, a que todo salga bien, o mal según el resultado que desee. Aunque no es tarea fácil, vale la pena intentarlo.
En la actualidad, yo mismo he puesto en práctica dicha teoría y me ha ayudado en gran medida al predecir la carga (N o P) de los acontecimientos de mi porvenir. Así mismo me he mentalizado para contrarrestar los efectos negativos y explotar los positivos.

Fuente bibliográfica.

Un pajarito,
Wikipedia,
Woody Allen.

viernes, 27 de agosto de 2010

Las chinches

Las olas de agua dulce golpean contra las piedras, pero son golpes suaves, casi parecen caricias. Florece, siempre por donde se puede, una maleza colorida que decora el ambiente, aunque es tu olor el que decide el color que tiene cada día. Todo es desparejo, pero tu imagen resalta entre la mediocridad que te rodea. Es tu piel la que brilla entre todos los tonos y contrastes, porque tu calma predomina y tu serenidad vence todas las barreras que se te anteponen. Pareces distraída, pareces perdida en tus pensamientos. Y ahora lo pienso... Si pudiera tener acceso al templo que me convertirá en hombre, sería una bendición. Siento que es la hora de que sientas que es la hora, pero tu rostro vuelve a aparecer de repente y todo se derrumba. Parece tan simple pero es demasiado complejo, y no entiendo por qué, jamás lo voy a entender, porque todo se produce en uno y no en dos, y no se como hacer que sea doble y no simple.
La última foto, y a dormir. Necesito una en la que te veas radiante, así puedo apreciarte con gusto. Pienso que sólo un plato de salchichas con puré alimentan mi hambre por estar a tu lado. Estás muy cerca, pero cada vez más lejos. Intento darme cuenta, pero no se que estarán pensando tus ojos ahora. Tu mirada desviada. Tus brazos parecen buscar los míos, pero es imposible agarrarlos, porque hay una realidad que nos separa. Miro, y veo un gesto que me debilita.
Al final del día, otro paso hacia la luz, hacia ese punto rodeado de piedra. Ese punto que es difícil de alcanzar, pero de alcanzarlo, nos regalaría la vida eterna...

domingo, 18 de julio de 2010

Lo que permite avanzar

Un susurro matutino ilumina el pasillo. Varios son los segundos de titubeo, pero una corazonada eléctrica impulsa a dar el primer paso. El tiempo que se arremolina y te golpea en el rostro como navajas de cristal y tu destino se nubla con cada sensación ficticia. Un huracán de deseos invaden hasta el más recóndito rincón de esperanza, que se mezcla con una cucharada de azúcar al revolverse como un café cortado en una taza de porcelana. Una mirada de reojo que nos surge inconsciente, atraviesa toda la fría habitación esperando encontrarse con ese recuerdo lúcido, pero de golpe no existe tal recuerdo, y en su lugar resplandece un dejo de bronca. De nada sirve mirar el reloj, total siempre marca la misma hora y lo peor es que antes de mirarlo ya sabíamos lo que diría. Medio trébol de conciencia nos tironea de la camisa, como intentando alertarnos de algo. Las voces que una vez sonaron, ahora suenan más fuerte. Parece inalcanzable el hecho de entender el por qué de esos pasos, pero eso parece ya no importar, porque los pies se mueven solos. Si existiese una explicación válida, tampoco tendría caso. De que serviría saber el por qué, si lo mismo hay que seguirlo haciendo. Los latidos del incesante corazón se apuran como si los persiguiera el diablo, procurando acelerar el proceso, para así lograr situar los hechos dentro de una digna caja de posibilidades. Las partes del cuerpo no coordinan, pero como tienen que coordinar porque no les queda otra, lo hacen a la fuerza, con presión y mal, generando un sistema deforme de coacción entre ellas. Las gotas de tiempo cada vez son más grandes y duelen más, y lo peor es que eso no deja la posibilidad de ir a comprar curitas a una farmacia. No hay tiempo para eso. Las heridas son grandes, pero ya se curarán solas. La respiración suena molesta, pero hay que seguir sin prestarle atención. Un arcoíris de ideas que aparece cada tanto, pero no tenemos que pensar en eso, porque al perdernos entre sus colores nos desviamos de nuestro destino. Nuestros poros piden a gritos un poco de piedad, pues el sudor que rebalsa de ellos no es un sudor digno, si no que es amarrete y resentido. La boca reseca y los parpados pesados son indicio de que algo no funciona bien, porque no es agradable. Nuestros sentidos se encienden en llamas al pensar en que podrían estar saboreando maravillas absolutas, en lugar de sucias migajas pegajosas. Y cuando nuestro pecho ya se desangra ante semejante tajo inmenso, llega el fin del trayecto, en el que nuestros pasos se frenan y le dejan por primera vez en el día un lugarcito a una pregunta: “¿Por qué lo sigo haciendo?”. Pero sí, ese lugarcito para tan importante pregunta apareció, pero descuidadamente al otro día todo va a volver a ser igual. Misma cantidad de pasos, mismo camino, mismas heridas. Y la pregunta que tuvo lugar genera una nube que entorpece todo aún más. Pensamos y deambulamos por los rincones de nuestro ser. Para que seguir recorriendo ese inexplicable y doloroso camino sin sentido, si el arcoíris colorido es más bonito. Y es allí cuando volvemos a sorprendernos. Es allí cuando recordamos algo: La cucharada de azúcar que había caído como una brillante nieve blanca en la fría taza de porcelana, fue una demostración de eso que nos deja seguir caminando, aunque no nos guste, aunque no entendamos por qué. Porque en medio de tantos pasos inconclusos, en medio de tanta confusión, en medio de tanto dolor y bronca, son esas hermosas cucharadas dulces, esas pequeñas sorpresas mágicas de la vida, a veces grandes y otras veces chiquitas, que caen desde lo alto para rociarnos de sonrisas y ganas para hacer que todo nos cueste un poquito menos.

Test de Originalidad

Los nombres propios de las personas tienen un sentido histórico y social muy fuerte, están registrados, y respetan ciertos códigos. Los nombres propios de las mascotas suelen ser más raros, a veces graciosos, pero otras veces muy comunes. Si poseen una mascota y desean atribuirle un nombre original, no duden en otorgarle ese trabajo a un niño.


Mamá: - Y… ¿Al final, le ponemos “Pelusita” al gato?
Hijito: - ¡No! ¡Yo quiero que se llame “Robot”!


¿Como un gato se va a llamar Robot?


Mente de un adulto tipo: “Este pendejo dice boludeces, ve esos programas de mierda y no tiene idea de lo simbólico que son los nombres… Mejor le pongamos “Pelusita” al gato.”

Mente de un niño: “Buenazo, “Robot”, fuertazo va a ser el gatito, muy maestro ese nombre, va a imponer respeto. ¿Pelusita? Los robots son objetos como las pelusitas, a diferencia que estos son más fuertes, y más difíciles de eliminar.”

Mente de un adulto: “Pelusita puede sonar tonto, pero es un nombre común para un gato, la gente al escucharlo no va a vacilar, es el tipo de nombres que se escucha todos los días.”

El 92% de las personas: “¿Robot se llama el gato?, que ridículo. Que tonto, que desperdicio de animal, pobre gatito”.

El 2% de las personas: …. (Son mudas).

El 6% de las personas: “¿Robot le pusieron al gato? ¡Qué maestro! ¿Quién fue el campeón de la idea? ¡Muy original!


Moraleja: Hay que juntarse con el seis por ciento de las personas, a menos que quieran tener una vida rutinaria, limitada, estructurada, falsa, estandarizada y aburrida, es decir, a menos que quieran juntarse con la chusma.


VIERNES POR LA NOCHE
Opción Uno: Escabiar con “los pibe”, salir de caravana y estar de conga toda la noche, porque es viernes y hay que estar de joda sí o sí, haciendo la fila en los boliches y bailando marcha como desaforados.

Opción Dos: Vestirme de traje, llenar una cantimplora con jugo de manzana, alquilar un caballo, llevar a tu chica cabalgando por el campo y mirar las estrellas un rato.

-Si usted prefiere siempre la opción uno, cada viernes a la noche, sin ni siquiera dudarlo, usted pertenece al 92% de las personas.

-Si usted no contesta, pertenece también al 92% de las personas, haciendo una mueca de “Ya sabes la respuesta, obvio que es la opción uno”, siendo que los mudos por lo menos se preocuparían por contestar escribiendo.

-Si usted prefiere siempre la opción dos, también pertenece al 92% de las personas, ya que hace siempre la misma rutina.

-Sólo si usted elige hacer lo que tenga ganas en el momento, lo que sus necesidades instintivas se lo digan, sin pensar en el marco social ni en el “qué dirán”, eligiendo a veces, cuando tiene ganas, la opción uno y otras veces la opción dos, aplicándole a esta última un sistema de modificaciones, cambios, e improvisaciones momentáneas, hasta reemplazándola por otras actividades innovadoras puedo decirle que usted pertenece al 6% de las otras personas. Las distintas.

No se olvide, para pertenecer al 6% de las otras personas, llame al 0800-101010-OTRAS, o envíe un mensaje de texto con la palabra “PERSONA” al 9009.

jueves, 17 de junio de 2010

Apasoñado...

"Una película de viaje en el tiempo es como un truco de magia, hay que mirarla sin tratar de descubrir el error". En brillante letras amarillas así era como promocionaban la última película acerca de un mago fracasado que viajaba al pasado para tratar de descubrir los misterior de Houdini. Una risita escapó entre los dientes y acto seguido las manos se refugiaron presurosas en los bolsillos, al tiempo que la cabeza se zambullía en un mar bufandoso y camperil para esquivar la helada brisa invernal que intentaba acentuar el escalofrío producido por el cartel surrealista. (pausa para respirar). Se dejó ganar por el revolotear de una hoja que aún se resignaba a recostarse en la vereda; siguió con la vista su agónico descenso hasta el lecho frío de los mosaicos. Cuando tocó el suelo se arremolinó bajo su cadáver un trama de pequeñas grietas como si el peso de la muerte fuera insoportable. La madeja se expandió hacia todas las direcciones huyendo de esos pasos que recordaban la infatigable marcha de las horas. La mañana todavía bostesaba con los ojos lagañosos de una incipiente escarcha, cuando él le pasó por la cara su descuidado andar, como equilibrista urbano sobre su cuerda de cerámicos y líneas caprichosamente dibujadas en la vereda.
Sin siquiera percatarse del rumbo de sus pasos, tan solo dejándose llevar por el juego de sus pies con las cicatrices que le iba develando el suelo, el día se desparramó de lleno sobre el paisaje suburbano, esperando a su compañera nocturna para morir en sus brazos ensangrentando el cielo de la tarde frente a un séquito de llorosas nubes. Uno tras otro se fueron sucediendo los rituales sacrificiales en que el sol se arrodillaba ante la luna, pero en cada renacer matutino el manso y contínuo andar de nuestro caminante cacheteaba al día que se despertaba.
Aquel amanecer se apresuró, deseoso de sentir la contagiosa ensoñación del vagabundo, pero en las calles retumbaba el silencio de su rítmico andar que ya no estaba. Las horas se hicieron densas, hasta que detuvieron su marcha vertiginosa. La noche nunca llegó a su encuentro fatal. Las hojas ya no pudieron revolotear hasta su muerte. El barrio contuvo la respiración y agudizó el oído. El viajero desapareció, llevándose con él la memoria de las calles escrita en sus heridas.
Aquel rincón de la ciudad aún espera paralizado la llegada de su Soñador.

miércoles, 16 de junio de 2010

volver con la frente marchita... pero de bronca (parece un título de esos del noticiero)

"Hoy tuve un día espectacular". Entoné feliz al cruzar la puerta. Sonrisa que se unía por las respectivas comisuras en la nuca, como queriendo ofrecer datos empíricos de mi estado de ánimo. Mi madre, sentada en el sillón con el plato en la mano, espinaca/acelga con queso y remolascocha; en la otra mano, pan. Me miró contenta empática a mi situación. "Aprobé el trabajo de Introducción bla bla, bla bla... me fue bien en el parcial (también de introducción) bla bla, bla bla... y ayer también tuvimos buena crítica del trabajo de investigación para escuelas." Levanto la cabeza. La previa Uruguay vs Sudafrica. Mierd... me había olvidado o en realidad siquiera nunca me había acordado o peor: ¡ni lo había pensado! El atroz dilema de elegir los colores temporales de mi corazón y entonces empecé: "Todos tienen un punto. Francia y México tienen que empatar, es de la única forma en que Sudafrica y Uruguay pasen a los octavos. Pero,¿ y éste partido? ¿quién lo tiene que ganar?.
Empezó el partido. Uruguay está dominando el partido, quizás lo esperado. Todas sus líneas están bien paradas y de frutillita: Forlán está jugando muy bien, desequilibrante.
"Ya está. Hoy gana Sudafrica y empata el próximo, mientras empaten los otros dos, con un poco de esfuerzo el próximo Uruguay le gana a México y entonces pasan Sudafrica con 5, Uruguay con 4 y se quedan los otros dos bananas afuera!"
Gol de Forlán. Termina el primer tiempo. Lavo los platos. Empieza el segundo tiempo. Penal para Uruguay. Hechan al arquero quien cometió una falta englobada en lo que se denomina "último recurso". Termina el partido: Uruguay 3 Sudafrica 0

Último recurso

Con el perdón de todos los que se ofendan si esto les suena discriminatorio pero en esta ocasión creo que: "Maricón" y sus derivados (mariconaso, maraca, mariquita, etc), "Afeminado" y sus derivados (afeminadaso, ¿etc?), y por sobre todas las cosas "PUTO" y sus más que temibles derivados (censura) son los términos más adecuados para adornar a un insecto cobarde que no hizo más que tirarse en cada momento que pudo (además jugó un muy buen partido, pero no sería justo incluirlo en la parte legal del relato en tanto que va en contra de lo que quiero decir) y que al más mínimo contacto se destartaló *aparatosamente en el aire cayendo luego al suelo con cara de eeeh!!!º. El caso que nos interesa es cuando el arquero sale a enfrentarlo en un "mano a mano" y Suarez (el uruguayo "delicadito" en cuestión) lo evade e insisto es rozado minúsculamente en la zona puntalar (?) del empeine por este, pero siendo ovbia la falta el jugador pudo haber escogido el eróico "seguir de pie apesar de todo" y hacer el gol que, seamos realistas, ¡ya estaba casi hecho! y en el imposible caso de que la mascota del mundial ingresara volando al estadio y lo apuñalara estacándolo contra el travesaño: ¡¡¡era penal!!! (recordemos que había sido clara falta del arquero). Pero no, el "sujeto" (entre comillas creo que suena más despectivo y es lo que quiero lograr) prefirió seguir con su conducta "enrarecidamente emplumada" y arrojarse *hastaº (lean de nuevo esta parte que no pienso escribirla de nuevo).

En el contexto actual del futbol en el que todo vale para lograr el triunfo inclusive dejar de ser hombre, lo cual debería estar prohibido porque hoy por hoy no se concibe la mixtura de género en este deporte, por lo menos según su reglamento. En este contexto, no creo que mi observación genere ninguna reacción revolucionaria, pero me contento con dejar constancia de que no admito de forma alguna, actitudes como estas que hacen del futbol solo un negocio, sin honor ni orgullo.

Atte. Yo, Futbolista conservador de los viejos hábitos.

Una cosa más, va, dos. Primero que recomiendo leer dos veces, una sin darle bola a los parentesis porque no creo que puedan seguir el hilo del relato (a mi me costó), el parentesis de recién sí leanlo porque no molesta; la otra es que para tristeza de todos "El Enzo" símbolo del "nometiro nimamado" justificó dicho suceso y naturalizó la caída del jugador uruguayo.