viernes, 26 de noviembre de 2010
El lugar indicado en el momento indicado
martes, 23 de noviembre de 2010
Historia de una historia...
Fue a la heladera, buscó algo para tomar y así refrescó su cuerpo y su mente. Una Paso de los Toros fue el pie para recomenzar la búsqueda de ideas. Se le ocurrió, por ejemplo, mencionar la marca de algún producto, para atraer a un público capitalista.
Volvió al escritorio, se sentó en la silla con rueditas, luego se recostó ligeramente y clavó su mirada en la ventana. Unos dulces pajaritos creaban una atmósfera de libertad, promovida por el ferviente retrato de naturaleza viva, logrando instalar en su deambulante pensar un dejo de tranquilidad. Entonces, se le ocurrió, por ejemplo, usar alguna frase poética que sonara linda.
Giró su cabeza hacia la izquierda y se encontró con su guitarra, ahí, apoyada contra la pared. La agarró y comenzó a hacerla sonar a ver si eso lo inspiraba en algo. Un par de canciones de Red Hot Chili Peppers fueron todo el repertorio, para luego darle fin a su acto musical. Al rato se le ocurrió que quizá quedaría bien citar el nombre de alguna banda de moda en su relato, para que la historia quedara más canchera.
Pero cuando intentaba agarrar el teclado y escribir, no le salía nada. Sentía como si pusiera siete delanteros en cancha y no pudiera hacer el gol. Pero de su cabeza seguían surgiendo ideas, como por ejemplo, usar términos futbolísticos para atraer al público masculino.
Todas las ideas del mundo estaban sobre la mesa, pero no podía conectarlas.
Para inspirarse aún más, decidió buscar en Internet el Blog "Trébol de Tres: Deshojando la modorra...", para así leer los relatos y obtener ideas. Pero no ideas muy brillantes obtuvo, más que citar algún símbolo familiar que cause sensación en sus parientes.
El muchacho ya cansado de tantas vueltas, como si fuese un bailarín del programa de Tinelli, se daba cuenta de a poco de que quizá no era el día para escribir. Ni siquiera su última idea de hablar de la farándula para atrapar a los televidentes chismosos fue lo suficientemente fuerte como para decidir escribir.
Pero cuando decidió levantarse de la computadora e irse a la cama resignado, miró el monitor de su computadora. Su historia ya estaba escrita.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
Cuando se da vuelta la tortilla...
-Lo siento, no llevo reloj. De todas maneras, no entiendo que es lo que debería disculparte.
-Simplemente mi interrupción.
-En todo caso soy yo el que no tiene reloj. Yo debería pedirte las disculpas. ¿Qué es lo que debería perdonarte?
-No lo sé. Nada, entonces.
-¿Nada? Una interrupción no es "nada", si no más bien "algo".
-Es verdad, pero lo que usted hacía era tan poco importante que mi interrupción fue equivalente a nada.
-¿Caminar por la calle te parece poco importante? Me dirijo a resolver asuntos importantes, eso es importante.
-Pero lo importante son los asuntos, no la acción de caminar que usted estaba efectuando recién. Creo que eso no era importante.
-¿Y por qué las disculpas entonces?
-No lo se. Una simple manera de dirigirme hacia usted.
-Esa simple manera es la que no comprendo.
-¿Qué es lo que no comprende?
-Nada a cerca de esa simple manera de dirigirte hacia mí.
-¿Por que no la entiende?
-Verás... Cuando te explicaron la teoría de la relatividad de Einstein, ¿Lograste entenderla a la primera vez?
-Quizá no...
-Bueno. Yo siento lo mismo que tú sentiste en ese momento.
-No, porque esa sensación puede variar dependiendo el momento.
-Veo que ahora la entiendes.
-¿Entender qué?
-La teoría. Esa, la de la relatividad.
-No del todo.
-Pero lo suficiente como para usar el termino "relativo"...
-Nunca usé ese término.
-Sí implícitamente.
-¿Qué tiene esto que ver con la manera en que me dirigí a usted?
-Lo mismo que tengo que ver yo contigo.
-¿Y qué es precisamente eso mismo?
-Aún no lo entiendo.
-Probablemente, pero... ¿A que se debe su duda sobre mis disculpas iniciales?
-Es quizá muy raro. Somos dos individuos de la misma especie que no logramos entendernos, a pesar de que hace un rato que estamos intentando ponernos de acuerdo.
-Estoy llegando a dudar de eso. Usted está llegando a parecerme de otro planeta.
-¿De otro planeta?¿Por qué lo dices?
-¿A caso en este planeta las personas suelen hablarle de la relatividad de Einstein cuando apenas hace medio minuto que lo conocen?
-Creo que no...
-Es por eso que usted parece de otro planeta.
-Tal vez tú eres el de otro planeta.
-¿Por qué yo sería de otro planeta?
-Porque estás hablando de otro planeta. Estás dando la posibilidad de que exista otro. Estás mencionando otro que no es éste.
-Todo el mundo sabe que hay otros planetas.
-Yo solo conozco este...
-Pero ha estudiado sobre el espacio y los astros, me imagino.
-Soy abogado. Nunca fui contratado en un caso intergaláctico.
-No me refiero a eso...
-Deberías entonces ser más específico en cuanto a lo que te refieres cuando hablas.
-Me parece lógico.
-Podría ser ilógico.
-No dije lo que es, si no lo que me parece.
-Muy bien, creo que ahora estás especificando más.
-Le agradezco su halago.
-Entonces estás disculpado.
-¿Por qué?
-Por haberme hecho perder todo este tiempo, cuando lo que únicamente necesitabas era saber la hora.
-El tiempo lo perdió usted, preguntándome cosas insignificantes.
-El tiempo no lo hubiera perdido si tú me hubieras respondido concretamente la razón por la cuál me pedías disculpas.
-¿Para que quería saber esa razón?
-Porque cuando tengo que hacer algo, me gusta saber por qué lo hago.
-¿Qué es lo que tenía que hacer?
-Disculparte.
-Pero usted sabía que fue sólo una manera de dirigirme hacia usted.
-Hubiese sido sólo una manera de dirigirse, si tú fueses otra persona y no precisamente la que eres.
-¿Qué tiene de malo que sea yo?
-Qué tú me hiciste perder un tiempo valioso, y ni siquiera puedo saber cuánto es, porque no tengo mi reloj.
-¿Eso es mi culpa?
-Sí. ¿Podrías devolvermelo?
-Está bien. ¿Cómo supo que lo tenía yo?
-Porque la hora de mi reloj estaba desconfigurada exageradamente.
-¿Y eso que tiene que ver?
-Que soy la única persona de la calle y no había nadie más que pudiera decirte la hora, entonces tuviste que preguntarme a mí para configurar el reloj que me robaste.
-¿Cómo se dio cuenta de eso?
-Porque una persona que roba delante de otras personas, suele salir corriendo y no quedarse hablando con la víctima. Como no hay ninguna otra persona, pudiste quedarte a mi lado. Además, me sacaste el reloj de la muñeca y te vi hacerlo. De hecho, me apuntaste con tu cuchillo.
-Entonces me está disculpando por robarle su reloj, no por robarle su tiempo.
-¿Y qué es lo que indica el reloj?
-La hora...
-¿Y para qué uno lleva la hora en su muñeca?
-Para saberla cuando desea saberla...
-¿No es esa una forma de controlar los propios tiempos de uno mismo?
-Puede ser...
-Entonces, al robarme el reloj, me estás robando mi tiempo. Yo tengo un problema: Necesito ver las cosas para creer en ellas. Si no veo el tiempo en mi reloj, no creo en él. Si nunca fui a otro planeta, no creo que exista otro.
-Pero si la hora estaba desconfigurada, usted no podía saber la hora, por lo tanto, no fuí yo quién robó su tiempo.
-Acostumbro usar mi reloj siete horas y veinticinco minutos atrasado. Se muy bien la hora que es cuando lo miro.
-Entiendo... Pero... ¿Por qué me disculpa, entonces?
-Porque ya tendrás un castigo peor y yo volveré a tener mi reloj.
-¿Cuál es ese castigo?
-Te lo dirá el oficial que te está apuntando desde aquella esquina... Supongo que será algún tiempo tras las rejas. No mucho si tienes buena conducta.
-Bien. Creo que debo rendirme, entonces...
-Necesitarás defender tus derechos... ¿Quieres un abogado?
-Si fueses tan amable...
-No hay problema. Solo quiero que sepas que mis servicios son muy costosos.
-Entiendo... Ahora es usted quién me roba...
-Con la diferencia de que te estoy advirtiendo con anticipación.
jueves, 28 de octubre de 2010
Manuscrito Anónimo
Un paso de ésta es un paso de aquella. El amor se encuentra a tres calles cualquiera de distancia, siempre a tres calles. Los amantes ignorados, ignorando ese detalle, creen encontrarse en los rostros anónimos que pueblan sus vidas anónimas.
Los teóricos del Big Bang creen que en el medio de la Nada estalló el Todo. Resulta difícil concebirlo. Solo nos queda la certeza de que nuestro amor anónimo se despierta cada día a nuestro lado (y quizás no, pero eso no es lo importante).
lunes, 25 de octubre de 2010
El payaso que una vez fue
Cuando era despedido, terminaba en otro lugar, haciendo el mismo show, con las mismas malas ganas. Su rostro desinteresado era una constante en su figura. Su corbata a veces cambiaba de color, pero no dejaba de ser el único color que resaltaba en su imagen.
Un día se dio cuenta de que para ser payaso, uno tiene que hacer reír a los demás; y además hacerlos reír por voluntad propia, porque de nada sirve que se rían de uno sin que uno esté de acuerdo. Pero más allá de las risas, lo importante es trabajar con ganas. Fue entonces cuando decidió abandonar esa lamentable vida que llevaba, ese circo cruel que él mismo se había generado, se preparó y se dedicó a otra cosa. No importa a cual, si no que era algo que le gustaba, por lo menos, mucho más que seguir siendo un amargo payaso de circos crueles.
Claro, ésta vez si se lo veía feliz. Sonreía debés en cuando, y, una que otra vez, le sacaba alguna carcajada a alguien. Lo curioso es que en ésta ocasión tampoco tenía trajes coloridos y mucho menos una nariz roja, pero por lo menos nunca se había vuelto a poner ninguna de esas corbatas que solía usar mientras era empleado en trabajos medio pelo, por dinero más que por convicción. Payaso en el sentido ridículo.
domingo, 19 de septiembre de 2010
Boleto Capicúa. ¿Ciencia o Mito?
viernes, 27 de agosto de 2010
Las chinches
La última foto, y a dormir. Necesito una en la que te veas radiante, así puedo apreciarte con gusto. Pienso que sólo un plato de salchichas con puré alimentan mi hambre por estar a tu lado. Estás muy cerca, pero cada vez más lejos. Intento darme cuenta, pero no se que estarán pensando tus ojos ahora. Tu mirada desviada. Tus brazos parecen buscar los míos, pero es imposible agarrarlos, porque hay una realidad que nos separa. Miro, y veo un gesto que me debilita.
Al final del día, otro paso hacia la luz, hacia ese punto rodeado de piedra. Ese punto que es difícil de alcanzar, pero de alcanzarlo, nos regalaría la vida eterna...
domingo, 18 de julio de 2010
Lo que permite avanzar
Test de Originalidad
Mamá: - Y… ¿Al final, le ponemos “Pelusita” al gato?
Hijito: - ¡No! ¡Yo quiero que se llame “Robot”!
¿Como un gato se va a llamar Robot?
Mente de un adulto tipo: “Este pendejo dice boludeces, ve esos programas de mierda y no tiene idea de lo simbólico que son los nombres… Mejor le pongamos “Pelusita” al gato.”
Mente de un niño: “Buenazo, “Robot”, fuertazo va a ser el gatito, muy maestro ese nombre, va a imponer respeto. ¿Pelusita? Los robots son objetos como las pelusitas, a diferencia que estos son más fuertes, y más difíciles de eliminar.”
Mente de un adulto: “Pelusita puede sonar tonto, pero es un nombre común para un gato, la gente al escucharlo no va a vacilar, es el tipo de nombres que se escucha todos los días.”
El 92% de las personas: “¿Robot se llama el gato?, que ridículo. Que tonto, que desperdicio de animal, pobre gatito”.
El 2% de las personas: …. (Son mudas).
El 6% de las personas: “¿Robot le pusieron al gato? ¡Qué maestro! ¿Quién fue el campeón de la idea? ¡Muy original!
Moraleja: Hay que juntarse con el seis por ciento de las personas, a menos que quieran tener una vida rutinaria, limitada, estructurada, falsa, estandarizada y aburrida, es decir, a menos que quieran juntarse con la chusma.
Opción Dos: Vestirme de traje, llenar una cantimplora con jugo de manzana, alquilar un caballo, llevar a tu chica cabalgando por el campo y mirar las estrellas un rato.
-Si usted prefiere siempre la opción uno, cada viernes a la noche, sin ni siquiera dudarlo, usted pertenece al 92% de las personas.
-Si usted no contesta, pertenece también al 92% de las personas, haciendo una mueca de “Ya sabes la respuesta, obvio que es la opción uno”, siendo que los mudos por lo menos se preocuparían por contestar escribiendo.
-Si usted prefiere siempre la opción dos, también pertenece al 92% de las personas, ya que hace siempre la misma rutina.
-Sólo si usted elige hacer lo que tenga ganas en el momento, lo que sus necesidades instintivas se lo digan, sin pensar en el marco social ni en el “qué dirán”, eligiendo a veces, cuando tiene ganas, la opción uno y otras veces la opción dos, aplicándole a esta última un sistema de modificaciones, cambios, e improvisaciones momentáneas, hasta reemplazándola por otras actividades innovadoras puedo decirle que usted pertenece al 6% de las otras personas. Las distintas.
No se olvide, para pertenecer al 6% de las otras personas, llame al 0800-101010-OTRAS, o envíe un mensaje de texto con la palabra “PERSONA” al 9009.
jueves, 17 de junio de 2010
Apasoñado...
Sin siquiera percatarse del rumbo de sus pasos, tan solo dejándose llevar por el juego de sus pies con las cicatrices que le iba develando el suelo, el día se desparramó de lleno sobre el paisaje suburbano, esperando a su compañera nocturna para morir en sus brazos ensangrentando el cielo de la tarde frente a un séquito de llorosas nubes. Uno tras otro se fueron sucediendo los rituales sacrificiales en que el sol se arrodillaba ante la luna, pero en cada renacer matutino el manso y contínuo andar de nuestro caminante cacheteaba al día que se despertaba.
Aquel amanecer se apresuró, deseoso de sentir la contagiosa ensoñación del vagabundo, pero en las calles retumbaba el silencio de su rítmico andar que ya no estaba. Las horas se hicieron densas, hasta que detuvieron su marcha vertiginosa. La noche nunca llegó a su encuentro fatal. Las hojas ya no pudieron revolotear hasta su muerte. El barrio contuvo la respiración y agudizó el oído. El viajero desapareció, llevándose con él la memoria de las calles escrita en sus heridas.
Aquel rincón de la ciudad aún espera paralizado la llegada de su Soñador.
miércoles, 16 de junio de 2010
volver con la frente marchita... pero de bronca (parece un título de esos del noticiero)
Empezó el partido. Uruguay está dominando el partido, quizás lo esperado. Todas sus líneas están bien paradas y de frutillita: Forlán está jugando muy bien, desequilibrante.
"Ya está. Hoy gana Sudafrica y empata el próximo, mientras empaten los otros dos, con un poco de esfuerzo el próximo Uruguay le gana a México y entonces pasan Sudafrica con 5, Uruguay con 4 y se quedan los otros dos bananas afuera!"
Gol de Forlán. Termina el primer tiempo. Lavo los platos. Empieza el segundo tiempo. Penal para Uruguay. Hechan al arquero quien cometió una falta englobada en lo que se denomina "último recurso". Termina el partido: Uruguay 3 Sudafrica 0
Último recurso
Con el perdón de todos los que se ofendan si esto les suena discriminatorio pero en esta ocasión creo que: "Maricón" y sus derivados (mariconaso, maraca, mariquita, etc), "Afeminado" y sus derivados (afeminadaso, ¿etc?), y por sobre todas las cosas "PUTO" y sus más que temibles derivados (censura) son los términos más adecuados para adornar a un insecto cobarde que no hizo más que tirarse en cada momento que pudo (además jugó un muy buen partido, pero no sería justo incluirlo en la parte legal del relato en tanto que va en contra de lo que quiero decir) y que al más mínimo contacto se destartaló *aparatosamente en el aire cayendo luego al suelo con cara de eeeh!!!º. El caso que nos interesa es cuando el arquero sale a enfrentarlo en un "mano a mano" y Suarez (el uruguayo "delicadito" en cuestión) lo evade e insisto es rozado minúsculamente en la zona puntalar (?) del empeine por este, pero siendo ovbia la falta el jugador pudo haber escogido el eróico "seguir de pie apesar de todo" y hacer el gol que, seamos realistas, ¡ya estaba casi hecho! y en el imposible caso de que la mascota del mundial ingresara volando al estadio y lo apuñalara estacándolo contra el travesaño: ¡¡¡era penal!!! (recordemos que había sido clara falta del arquero). Pero no, el "sujeto" (entre comillas creo que suena más despectivo y es lo que quiero lograr) prefirió seguir con su conducta "enrarecidamente emplumada" y arrojarse *hastaº (lean de nuevo esta parte que no pienso escribirla de nuevo).
En el contexto actual del futbol en el que todo vale para lograr el triunfo inclusive dejar de ser hombre, lo cual debería estar prohibido porque hoy por hoy no se concibe la mixtura de género en este deporte, por lo menos según su reglamento. En este contexto, no creo que mi observación genere ninguna reacción revolucionaria, pero me contento con dejar constancia de que no admito de forma alguna, actitudes como estas que hacen del futbol solo un negocio, sin honor ni orgullo.
Atte. Yo, Futbolista conservador de los viejos hábitos.
Una cosa más, va, dos. Primero que recomiendo leer dos veces, una sin darle bola a los parentesis porque no creo que puedan seguir el hilo del relato (a mi me costó), el parentesis de recién sí leanlo porque no molesta; la otra es que para tristeza de todos "El Enzo" símbolo del "nometiro nimamado" justificó dicho suceso y naturalizó la caída del jugador uruguayo.
sábado, 15 de mayo de 2010
Uno se lo busca
El pobre hombre no era culpable de que El Animal™ estuviera enfermo de la cabeza, pero El Animal™ tampoco era culpable de que a la víctima le gustara pasear de noche, por lugares que parecen estar construidos especialmente para morir.
jueves, 29 de abril de 2010
La verdadera historia de Jesús (Cuento infantil)
Moraleja: Nunca hagas un juego de palabras con alguien que fue devorado. Después te puede robar el chiste.
Jesús se hizo famoso. Su injusta historia conmovió al mundo. Judas fue descubierto como mentiroso y culpable recién cuando ya estaba muerto. Es decir, a las dos semanas. Palmó de un paro. El monstruo tuvo que ordenar todo su cuarto porque su padre lo retó y lo puso en penitencia. Jonás fue devorado por las pirañas del río Nilo. Y a Susana Giménez, la estamos llamando. Queremos jugar.
lunes, 19 de abril de 2010
Minutos repetidos
Korsakov seguía deleitando en su formato de vinilo con una de sus tantas piezas de violín clásico.
sábado, 17 de abril de 2010
Elecciones vitales
Allí se revolvió mi mente. Si dejaba que mi computadora procese la información y abría la ventana, me iba a ver en un problema. Iba a tener que descargar todo el Reggaeton. Porque si no, no tendría que haber hecho click, tendría que haber sido más cuidadoso, o por lo menos, tendría que cerrar la ventanita antes de que la computadora cargue la página. Entonces no entendí: Si dejaba que la computadora cargue la página, ¿Me iba a ver obligado a descargar todo el Reggaeton? Además, de última, podía descargarlo y después eliminarlo, pero... ¿Y si me interesaba lo que descargaba? Por otro lado, estaba la duda sobre cuánto era "todo" el Reggaeton. Quizá era una promesa muy literal y al hacer click allí se descargaba en mi máquina literalmente todo el Reggaeton, es decir, se me descargaban canciones, salas de ensayo, humanos, empresas, discos, boliches, y todo lo que esté relacionado con eso, por lo tanto en mi disco duro no iba a entrar nada y se iba a terminar rompiendo.
Aunque no lo crean, todas las dudas que acabo de explicar, acontecieron en mi mente durante el segundo y medio que tardé en cerrar la ventanita que abrí por error. Pero como todo eso fue muy insignificante para dejar alguna enseñanza, a los dos segundos me surgió otra duda:
¿Como puede existir una persona en este mundo, que es de la misma raza que nosotros, y está preocupada para que usuarios de Internet descarguen todo el Reggaeton?
Bueno, está bien, que exista, que tenga esa preocupación. Pero... ¿A caso es una preocupación tan grande como para tomarse el trabajo de crear un link virtual en una página y direccionar a los usuarios a descargar todo el Reggaeton en serio?
Yo conozco a muchas personas, pero nunca en mi vida conocí alguna que tuviese esas preocupaciones. Ahora me doy cuenta de como conozco tan poco en el mundo y conozco tan pocas personas. Quizá vivo creyendo que en el mundo hay mucha gente, pero inconcientemente imagino a toda esa gente como un relleno de crema que solo está para amontonarse.
Y mi pregunta del millón es: Así como a mi no me entra en la cabeza que exista alguien que se preocupa por permitirle a los demás descargar todo el Reggaeton, ¿Habrá alguien a quién le parezca que mis preocupaciones son así de fantasmales? ¿Habrá alguien que pueda decir: "Descargar todo el Reggaeton es mi vida y no puedo creer que haya gente que se preocupe por jugar a la pelota"? Y si hay gente así... ¿Por qué la hay? Y si yo me pregunto esto, ¿Habrá quién se pregunta por qué hay gente como yo?
Descargar todo el Reggaeton puede ser una filosofía de vida.
Podés ser militante, podés ser pensador, podés ser anarquista, o podés ser descargador de Reggaeton. Lo importante es superarte y llegar a tu máxima expresión. Es decir, no te conformes con descargar solo una parte. No te conformes con descargar solo un par de temas. Si se te tilda la máquina, andate a un cyber. Pero descargalo todo.
viernes, 26 de marzo de 2010
Tríptico tétrico
Trabajaba duro, como cualquier hijo de vecino. Siempre se cuidaba de los grandes excesos, como buen cristiano. Nunca faltaba el saludo cordial ante la mirada solícita de un coterráneo. Se lavaba bien las manos antes de comer y después de ir al baño. Pero en su bolsillo llevaba siempre un Bubalú de frutilla para las situaciones críticas en que la acartonada parafernalia de su vida lo enlataba y lo ponía a la venta en una góndola de hiper-super-mega-mercado.
Sentado en un sillón en la oscuridad, en el silencio oscuro de una habitación desolada, aguza el oído como queriendo desnudar el aire para descubrir una hebra de tintineo que acuse aquel eterno fluir del vil metal, alimentando la voracidad inacabable de La Criatura. Tranquilo, despierto, confiado, se recuesta en su sillón oscuro de la habitación oscura y paladea gustoso el vino áspero oriundo de quién sabe qué región austral hasta donde llegaron sus manos hoy. El día fue largo, pero la noche promete ser interminable como la anterior, y aún más. Sus ojos terrenales, lo único que tal vez logró escapar a su metamorfosis en Dios, ceden al peso de las horas y los días; pero su mente eterea no descansa, sigue elaborando recetas cuantiosas que sacien momentaneamente a La Criatura. Flor de sus entrañas, nació gradualmente tras su metamorfosis; al principio necesitaba pequeñas raciones ocasionales, hoy el precio por ser la imagen exacta de Dios es la esclavitud a la insaciable hambruna de su hijo...
Por un segundo, su mente se pone en blanco, sabe con certeza que aún queda mucho jugo en la naranja mecánica que mueve al mundo, a este pequeño mundo, uno de los tantos en su haber.
martes, 23 de marzo de 2010
Relato de una dictadura
De todos los prisioneros en aquel centro de detención clandestino, había uno con el que solía sociabilizarme con frecuencia, si es que podemos llamar frecuencia a las escasas charlas que podíamos mantener. Este muchacho, Martín, ante la depresión de su captura, no podía parar de hablar de una muchacha a la que él amaba, y con la que había iniciado una relación hacía un tiempo atrás. Su miedo por no volver a verla era muy grande, y fue por eso que decidí convencerlo de que todo saldría bien. Ante sus reiteradas preguntas de si saldríamos con vida o no de ahí, yo no tenía otra respuesta mas que "Sí", para calmarlo o darle esperanzas, pero yo, en el fondo, creía que las posibilidades de salir con vida eran escasas. Si bien la perversa estrategia de eliminar a la oposición política de los militares era la razón por la cual nos encontrabamos ahí, cagados de miedo, cagados de odio y sumidos en la total tristeza y angustia, no servía de nada lamentarse por eso, porque realmente, lo único que podíamos hacer, era tener la esperanza de que sucediera algo que nos devuelva con vida al mundo otra vez.
Debes en cuando, por más que nuestros ojos permanecían prácticamente todo el tiempo tapados por una venda, podíamos saber que algunos uniformados entraban con armas a nuestro calabozo, seleccionaban a algunos de nosotros, se los llevaban y nunca más volvíamos a saber de ellos. Gracias a Dios, nunca fui seleccionado, pero en el momento de la selección, la sensación que pasaba por tu mente y tu cuerpo era indescriptible. Decir que era miedo, no alcanza. Con Martín sabíamos que podía tocarnos en cualquier momento, y nuestras escasas charlas no eran más que charlas de aliento para darnos las fuerzas suficientes como para mantenernos enteros el mayor tiempo posible. Recuerdo que le hablaba sobre su amada y lo hacía llorar, y le daba la seguridad de que iba a volver a ver su rostro y iba a poder abrazarla como nunca.
Un día, manteniendo una de esas ocasionales conversaciones, me comentó que tenía algo para contarme, algo que lo tenía muy preocupado y era el verdadero motivo por el que tenía tanto miedo. Pero antes de que pudiera contarme nada, ingresaron como de costumbre esos hombres con armas, que un día, al salir con vida de ahí, me enteré de que la selección que hacían era para fusilar a los prisioneros que se llevaban. Esta vez, eligieron a unos cuantos. Entre ellos estaba Martín. Aunque en aquel momento no sabíamos el verdadero fin, teníamos la esperanza de que existiese la posibilidad de que aquellos que eran seleccionados era para salir en libertad, pero realmente, en el fondo sabíamos que no era así. Al ponerse en la fila de los prisioneros elegidos, Martín se destapó los ojos y se acercó unos metros hacia mí. Recuerdo que me habló por última vez antes de irse por ese pasillo y desaparecer para siempre. Me dijo: "Lo que me tiene tan mal por ella, es que nunca le pude hacer el amor".
*Relato basado en un hecho verídico ocurrido en aquellos días oscuros de la historia de este país. Lamentablemente no poseo datos que permitan especificar la identidad de quienes interactúan en la historia, ni la fecha, ni el momento, ni el lugar exactos.
Creo que pueden matar a quién quieran. Pueden robarnos la libertad. Pueden destrozar nuestros derechos humanos, pasarlos por alto, hacerlos un bollito y metérselos por el culo. Pueden eliminar opositores, aplastar ideas distintas y aniquilar nuestro ser. El humano que hace eso por enfrentarse a otras ideas, es un asesino demente, inconciente y despiadado. Pero el humano que destruye la posibilidad de cumplir sueños puros, la posibilidad de crear afecto, de brindar amor y de construir lazos de una unión tan hermosa solo porque tiene el poder de hacerlo, no es humano. Porque para existir, para "ser", se necesita del otro. Sin el otro no "soy". Para hablar necesito del otro. Sin el otro no tengo palabra. Y alguien que elimina al otro para imponerse, no es alguien que "es". Si no que hace todo lo contrario a "ser". Y lamentablemente, el diccionario no tiene un antónimo para el verbo "ser". Los líderes de aquella perversa organización destructiva no son hijos de puta. No son malos. No son asesinos. Porque "ser" asesino, "ser" malo o "ser" hijo de puta, es "ser" algo. El día que inventen el opuesto para el verbo "ser", va a ser el día que exista una palabra para juzgar a esos individuos a los que se denominaba "militares".
viernes, 19 de marzo de 2010
Afirmación filosófica
Es por eso que en mi caso, creo que solo puede haber una explicación, y es que el creador del idioma se canso de inventar palabras para aplicar una a cada significado, así que se hizo el boludo, miró de reojo a ver si su compañero de oficina estaba mirando para otro lado, y anotó dos veces la misma palabra para dos cosas distintas.
Y en realidad, ahora me tomo la molestia de aclarar que mi teoría o respuesta a mis interrogantes ya existía, y en cualquier apunte que hable de este tipo de cosas seguramente debe aparecer, porque la filosofía humana se pregunta cosas mucho más complejas, seguramente, así que mi teoría debe haber sido planteada hace siglos. Pero lo que intenté mostrar con este texto es que: Siempre existe una afirmación filosófica, entonces realicé un ejercicio que me permitió llegar a comprobar esa afirmación. Comprobar que el humano establece conceptos téoricos en base a cosas que se le ocurren, que, seguramente, como me pasó a mi, al fin y al cabo no llegan a nada, o son inexactos, pero quedan establecidos como verdad porque es lo que más creible suena, pero en realidad nunca se va a saber que tan cerca están de ella.
Si, lo del patio y lo de las estrellas era mentira, sólo fue una situación inventada para poner en práctica el ejercicio de demostración de la teoría. Pero... ¿Qué es verdad?
sábado, 13 de febrero de 2010
Se encontraba Dios...
Dios, como de costumbre, todo planificaba antes de crearlo, porque debía asegurarse de que todo funcione de manera correcta.
Para reinar en el mundo, había decidido crear al hombre. Le había atribuido todas las habilidades posibles, todas las características y todas las capacidades que desarrollaría en su existir. También había decidido crear un entorno al cual el hombre tuviera que adaptarse.
Había creado distintas especies, para que habiten el mundo junto al hombre, lo acompañen y le den comida. Creó los mares y las aguas, para que le sacien la sed y lo refresquen. Había creado al sol, para que le diera días cálidos y lo salve del frío. Había creado materiales que le dieran al hombre vivienda y vestimenta para ayudarlo a vivir de forma cómoda. Creó también vicios y entretenimientos, para no hacer del vivir algo aburrido y cuadrado. Creó el trabajo, así mantendría al hombre ocupado durante gran parte del tiempo. Crear la amistad le pareció fundamental, así el hombre se relacionaría con otros de su misma especie, y en grupo lograría cosas asombrosas. Creó paisajes, para sensibilizar la vista del hombre. Creó la música, para agudizar su oído. Creó deliciosos aromas, así su olfato se enriquecía. Le dio a las comidas sabores únicos, así el alimento se volvía agradable. Inventó el humor, así el hombre le agregaba profundidad a su vida y evitaría lo rutinario. Y así fue creando e ideando uno a uno los placeres y las facilidades para que el hombre pueda vivir con comodidad. Pero al darse cuenta de que todo era lindo y productivo, decidió poner límites, para asegurar que la vida no se vaya al extremo de lo fácil. Entonces, ideó las enfermedades, para que mantengan al hombre precavido y, debes en cuando, lo maten, así el territorio no se saturaba. Ideó la pelea, para inducirlo a fortalecer su cuerpo. Creó la desigualdad, así los hombres se distinguían entre ellos. Creó obstáculos naturales, como los tornados y las inundaciones, para que no todo le resulte tan fácil. También creó el robo, para que el hombre viva más atento. Y así fue creando cosas malas y amenazantes, que de una forma u otra también regularían la vida en sociedad.
Pero Dios tuvo un problema. Quiso crear algo que asustara al hombre, para demostrarle que no debía creerse el rey del mundo. Y fue allí cuando se dio cuenta de que no encontraba nada adecuado. Creó la violencia, pero el mismo hombre inventó sistemas de seguridad que la reduzcan. Creó los cuentos de terror, pero el hombre los ridiculizaba con imitaciones graciosas. Creó la soledad, pero el hombre inventó organizaciones sociales. Creó las armas, pero el hombre inventó leyes que las prohibían. Creó la guerra, pero el hombre inventó movilizaciones pacifistas. Creó la maldad, pero el hombre inventó la psicología. Creó la locura, pero el hombre inventó hospitales especiales para tratarla. Creó la inseguridad, pero el hombre se acostumbró a ella. Diseñó criaturas monstruosas, pero siempre surgía algún héroe épico que las derrotaba. Creó dictadores, pero el hombre inventó la revolución. Y así, Dios fue creando métodos que pudieran asustar al hombre para poder controlarlo, pero medianamente, este siempre se salía con la suya.
Aquel día, luego de pensar y pensar, al fin, festejó de alegría. Encontró el instrumento perfecto para generarle miedo al hombre. Por fin lograría reducir a la engreída especie. Dios cerró su Notebook contento, y fue entonces cuando creó a la mujer.
martes, 24 de noviembre de 2009
Opciones...
"Maradona tiene que consultar más con Bilardo, no puede confiar sólo en su experiencia como jugador para llevar adelante una selección como Argentina...", decía Martín Souto en el televisor. Siempre me sentí atraído por ese tipo de debates en los programas de fútbol, especialmente si el tema de charla es la Selección Argentina.
"Sus ojos brillantes me hipnotizaron, me volvieron loco, algo tengo que hacer. Esa sonrisa, esa mirada...". Mi mente abría también su propio debate. Si de una mujer se trata, el debate suele durar horas y horas. No era recomendable a esas horas.
"...Yo me encontraba viajando en bicicleta el día anterior, y ahí estaba mi hermano, lo miré y... Y comencé a caer. Caía por un tunel negro interminable...". El sueño también comenzaba a imponer sus flashes en mi mente.
Yo estaba conciente de cada una de las tres opciones que se me presentaban, pero debía elegir una. No podía quedarme con las tres, sería complicado seguir tres impulsos al mismo tiempo. Era: O el impulso de prestarle atención a uno de mis temas favoritos, o prestarle atención a lo que sentía mi corazón, o finalmente, darle lugar a mi necesidad de dormir.
Si la decisión la tomara bien despierto, primero que la opción del sueño no existiría, y claramente hubiese elegido la segunda, la de la mujer. Esos programas, al fin y al cabo, siempre hablan lo mismo, a menos que den una noticia de último momento, pero al parecer, Maradona todavía no se había tirado en paracaídas desnudo ni había asaltado una tienda con un nunchaku. Simplemente, era un debate sobre lo que todos ya sabemos.
Lamentablemente, en ese momento, mi poder de decisión se ablandaba y las ganas de dormirme crecían, hasta que las tres variables en mi mente se convirtieron en un producto híbrido, en una mezcla absurda e irreal.
Esto es lo que yo recuerdo antes de despertarme al día siguente:
Yo pedaleaba por un camino sinuoso y oscuro, buscando por todos lados una señal de ayuda. Parecía asustado, no estaba muy seguro por qué, pero sentía que alguien me perseguía. La oscuridad era cada vez mayor, y el camino cada vez más angosto. Todo daba a suponer que el camino era interminable. Pedalié unos cien metros más y, por primera vez, divisé a un ser humano en mi extraño viaje. Era el gringo Heinze haciendo dedo con un mapa en la mano. Preferí seguir adelante, ya que en una bicicleta no había mucho lugar para los dos. Nunca se me ocurrió detenerme a preguntarle si conocía el camino. Con sudor en mi frente continué pedaleando, comenzando a sentir un sutíl cosquilleo en el estómago. De repente, la bicicleta perdió las ruedas y las cambió por alas, y comenzó a ascender en un lento vuelo. Sentía que me agarraban por detrás. Me di vuelta para observar, y una muchacha de ojos negros como el azabache estaba sentada detrás mío. Ella sonreía de forma seductora, imponiendo un aire de superioridad. Al notar esto último, decidí situar otra vez mi mirada al frente. Ella me había hipnotizado en un segundo. En un segundo me había vuelto adicto a sus ojos. Cuando volví a mirar hacia atrás, curiosamente, la bella muchacha ya no era tan bella, porque de hecho ya ni siquiera era una mujer. Su rostro anciano y su gran nariz me recordaban a alguien. Cuando ese, ahora hombre, comenzó a hablar, entendí de quién se trataba. Carlos Salvador Bilardo. "Tomate un Gatorei, nene" me decía. Con una maniobra brusca logré hacer que Bilardo caiga de la bicicleta voladora. Tuve miedo de haberme enamorado de él, habiendo confundido esa terrible nariz con una naricita chiquita, o esos ojos cansados con aquellos ojos negros que creí haber visto al principio. Pero estas falsas deducciones llegaron a su fin cuando volví a sentir que me abrazaban por detrás. Otra vez giré mi cabeza y otra vez volvió a aparecer esa muchacha. Su cabello oscuro ahora flameaba por el viento y su sonrisa seductora ahora era más grande. Mi corazón se aceleró de los nervios. No sabía que decirle, pero a su lado me sentía seguro. Por alguna casualidad, ella tenía en sus manos una espada. Una espada plateada. Como si nada, ella movió su espada hacia ambos lados, y por lo visto, cortó las alas de la bicicleta. Ella se esfumó al instante. Ahora, lo que había sido un alto vuelo se había convertido en un descenso violento. Desesperado, traté de hacer toda clase de artimanias para salvarme, pero lo cierto es que el suelo macizo esperaba ansioso que me estrelle contra él. Como por arte de magia, Juan Pablo Carrizo apareció con un par de guantes gigantes para atajar mi caída, y me retuvo entre sus brazos. Pero antes de que pudiese agradecerle, al grito de "¡Salímo...!", me soltó para luego darme una patada en la espalda y mandarme otra vez a volar con bicicleta y todo. Como venía teniendo suerte, esta vez no fue la excepción, y tuve el honor de que la Brujita Verón me pare de pecho. Su gesto elegante me permitió acomodarme, patear la bici para un costado y manotearle la escoba a la Bruja de entre las piernas. Ahora mi viaje ya no era en bicicleta, si no que era un vuelo en escoba. Por primera vez se dibujó una sonrisa en mi cara. Volví a escaparme del peligroso camino para viajar otra vez por los aires. Pero mi mayor temor todavía persistía. Y así fue como se hizo real: La muchacha volvió a aparecer, pero ya no me abrazaba por detrás, si no que ahora apareció por delante mío. Me miró y me susurró: "Ahora la bruja soy yo, nenito". Seguido de eso, me tiró de la escoba. De pronto me encontraba cayendo en picada, ya sin esperanzas de volver a tener la misma suerte que antes. Mientras iba cayendo, otra escoba voladora pasó a mi lado: Era el gringo Heinze que venía con Harry Potter. "Me quisiste cagar, hijo de puta", me dijo el gringo. "Ahora juego Quidditch", agregó después. No supe por qué, pero presentía que todo se volvía en mi contra. Caía y caía, y me acercaba cada vez más al duro suelo. Esta vez, no se si tuve suerte o no, pero en lugar de suelo había una mesa, en la cuál Julio Humberto Grondona estaba reunido con unos hombres de traje y anteojos negros. "Hay que matar a todos los negritos", decía él. Uno de los misteriosos hombres de traje vio que iba a chocar contra ellos y se paró para agarrarme, saltó, pero inesperadamente, un gordito de pelo negro y enmarañado también saltó. Como el hombre de traje era más alto, el gordito estiró su mano. Gracias a Dios no terminé en las manos de ese extraño sorete, y el gordito con la Diez en la espalda logró su objetivo.
Perdí el conocimiento.
Una rueda de prensa era mi escenario al volver a la realidad. Yo me encontraba recostado sobre los brazos del gordito que me había salvado. Él hablaba por el microfono respondiendo cada pregunta que le hacía la prensa. Recuerdo claramente su última respuesta: "Me la van a seguir mamando, porque esto por ahora está en mis manos."
En mi rostro se dibujó una sonrisa al escuchar esas palabras. Esa sonrisa me dio pie para zambullirme en un sueño profundo. Lo último que recuerdo antes de cerrar los ojos, es que había un par de ojos negros como el azabache que me miraban de forma seductora entre todos los periodistas que avalanchaban con preguntas al Diez.
sábado, 19 de septiembre de 2009
Pánico
-“El acusado trecientos treinta y seis, que permanece en la habitación doce acusado de robarle la felicidad al mundo, debe declarar su situación.”- Esperó unos segundos. Seguido de eso, me preguntó lo siguiente:
-¿Culpable o inocente? Responda una de ambas. Cualquier otra respuesta le otorga la decisión al juez.
El miedo que yo tenía, le cedió el lugar a la duda. No sabía de qué me acusaban, ya que me parecía no haber hecho nada parecido a robarle la felicidad al mundo. O eso creía yo. Entonces, me limité a preguntarle quién era él.
En su cara se dibujó una sonrisa. Me observó durante un tiempo, y luego habló.
-El acusado no respondió. El juez decide.- Dijo él, con la misma tranquilidad de siempre. El olor a podrido a el sofocante calor no parecían molestarle.
Se acercó hacia mí, me tomó del brazo, luego me soltó y se dirigió otra vez a la mesita. Buscó una lapicera en su maletín, me alcanzó el papel que había leído y me dijo que lo firmara. Intenté ver de qué se trataba aquel escrito, pero era demasiado tarde. Un dolor indescriptible surgió en todo mi cuerpo, como si me estuviera prendiendo fuego. Me volvió a pedir que firmara el papel, pero esta vez con un grito. Con mi mano más temblorosa que nunca, alcancé a firmarlo. Al instante, el dolor me hizo soltar la lapicera. Lancé un grito y me caí de boca al suelo. Me estaba quemando vivo. Miré mis brazos y ya no tenían piel. Solo quedaba mi carne que, de a poco, también se consumía. El hombre, que ya me había quitado el papel de la mano, también lo estaba firmando. Al terminar, dejó caer el papel, cerró su maletín y se dirigió hacia la puerta. Mientras yo me retorcía de dolor, alcancé a escuchar lo que murmuraba: “Otro hijo de puta de estos”. Luego lanzó una macabra carcajada, se marchó y cerró la puerta. Aunque mi cuerpo se hacía cenizas, logré darle una última mirada al papel que el hombre había dejado caer. Antes de perder la razón y desvanecerme, alcancé a divisar mi firma y, a su lado, la del hombre. Esta rezaba: “Lucifer”. Lo último que sentí antes de morir, fue que se me erizaron los pelos de la nuca.
Moví mi cabeza de lado a lado. Ya no me encontraba en esa habitación, si no que ahora me encontraba en un supermercado, parado frente a una góndola de alimentos enlatados. Todo había sido producto de mi imaginación. Saqué la lata de picadillo del bolsillo de mi saco, y la coloqué en el changuito. “Mejor la pago”, pensé asustado. Luego observé la lista de productos que había confeccionado mi mujer y me dirigí en busca del siguiente: Detergente.
“Magistral rinde más”, pensé.
viernes, 21 de agosto de 2009
Las situaciones
De niño, yo, como tantas otras personas, teníamos la costumbre de, por así decirlo, recitar un pequeño cuento con sabor a broma que adulteraba las condiciones de la naturaleza y distorsionaba la realidad, creando así un producto irónico, exagerado, absurdo y totalmente inverosímil. Si bien un ser humano tiene una mente prediseñada para admitir cualquier tipo de deformación de la realidad, ya sea expresada en un pensamiento, una frase, una imagen o lo que fuere, la situación relatada (de manera inconciente) como forma de chiste por cada uno de los niños inocentes que lo hicieron, desempacó sus valijas en mi cabeza, dispuesta a ser analizada hasta el más insignificante detalle.
ESCENAS INICIALES (Leerlas también después de cada situación)
ESCENA UNO:
Respuesta: Shhhhhhhhhhhh. (Acto sonoro de silenciar).
ESCENA DOS:
Pregunta: ¿Y qué le dijo el vino a la soda?
Comparando esta situación, seguramente inventada por alguien (siendo evidente que ni una soda ni un vino pueden hablar ni establecer dialogo alguno), con otras situaciones adaptadas a cuentitos inocentes con finalidad de entretener, me di cuenta de que generalmente éstas suelen tener una definición o un remate, que tiene como objetivo o meta provocar la risa del oyente. A diferencia de las otras, ésta no tiene ese punto final tan voluminoso que es el detonante de la diversión. Por lo menos no en la escena dos. En la escena uno, el remate final es el sonido que ejecuta la soda, que adquiere doble sentido, ya que puede ser tomado como el efecto sonoro que produce el gas y también como un sonido personificado que emite la soda para silenciar al vino. La escena uno queda saldada, ya que se lleva consigo misma el honor de quedar completa, con inicio (Pregunta), desenlace (respuesta generalmente errónea del oyente) y final (respuesta del mismo que realizó la pregunta, como forma de remate). Pero la escena dos carece completamente de sentido, ya que su supuesto remate no tiene ese toque necesario para coronar una situación como en la primera escena. La segunda escena parece quedar como un relleno o un alargue del chiste que deja la sensación de que está de más, sin motivo alguno. Entonces, la pregunta que se generó en mi cabeza luego del anterior análisis fue:
¿Para qué estará adicionada la segunda escena?
Mi mente comenzó a divagar, recreando una y otra vez varios tipos de posibilidades, logrando establecer una duda aún mayor. Luego me di cuenta de que esa pregunta jamás puede ser respondida, ya que la situación es irreal, por lo tanto no existe ningún método científico que afirme ninguna de las posibles soluciones. Si la situación es irreal, cualquier duda sobre ella es parte de la misma irrealidad. No sirve de nada tener dudas sobre lo que no existe, por lo tanto, cualquier cosa que aparezca sin sentido dentro de lo que no existe, es legal y posible. Pero no conforme con esto, me encargué de definir las posibles situaciones que se podrían haber dado entre ambos individuos, acudiendo a la personificación de ambos cuerpos, otorgándoles en forma de suposición la capacidad humana de comunicarse entre ellos.
Las situaciones recreadas con esfuerzo por mi mente, son cuatro. Cada una de las situaciones no tiene nada que ver con la otra, y son, literalmente hablando, diferentes en teoría. Estas quedan así definidas:
SITUACIÓN UNO
El vino, enojado, creyendo que todos los seres son iguales en derechos y en obligaciones, y negando superioridad alguna de la soda sobre él, decidió contestarle para demostrarle que él tiene todo el derecho a hablar, y que la soda no es quién para callarlo. Es por eso, que sus palabras fueron: A mi nadie me calla. Lo que el vino no se dio cuenta, fue que un ser que no duda de sí mismo, no le hubiera ni prestado atención al reclamo de la soda, optando por ignorarla. Pero el vino, confundido, sufrió el enojo y decidió aplicar medidas justas y de reclamo, dudando de sus propios actos. Eso le dio el poder sobre la situación a la soda. Eso redujo al vino a ese ser inferior que se queja por el simple acto de quejarse, confundido y molesto, dudando de sus propias capacidades.
Resultado: Soda Superior, Vino Inferior.
(Hacer una pausa, así no se mezclan los conceptos de la situación anterior con los de la siguiente, leer de vuelta las escenas iniciales y luego continuar. Nada tiene que ver una situación con la otra).
SITUACIÓN DOS
La soda, malhumorada, estaba harta de las supuestas chácharas del vino, que seguramente no paraba de hablar. Esta vez, la soda no tenía incorporado en su existir ningún concepto de superioridad e inferioridad, y optó por callar al vino por el simple hecho de que estaba harta. Esto se debe a que cualquier ser, cuando se siente incómodo o molesto, busca estrategias que lo alivien de la mejor manera posible. Es por eso que liberó ese sonido, buscando descansar sus oídos. La diferencia, es que el vino esta vez era bastante inteligente, quizá por ser más viejo o tener más experiencia, y hablaba a gusto de lo que se le ocurría. Por eso, al ver que la inocente soda lo callaba, no tuvo otra opción que decir la típica frase: “A mi nadie me calla”. En el vocabulario del vino, esa frase se caracterizaba por ser un dicho infantil, estúpido y sin sentido. El vino recordó su niñez, y asimiló inmediatamente aquella frase con aquella época. Pero al ver la inocencia de la inexperta soda, decidió utilizar aquella frase para comunicarse en el mismo idioma que ella. El vino pensó, quizá, que aquellas palabras eran óptimas para que la soda las entendiera. Cuando dijo: “A mi nadie me calla”, el vino se sintió un niño, pero se vio obligado a decirlo para adaptarse al vocabulario de la soda. A todo esto, el vino utilizó esas expresiones idiomáticas tan simples, de una forma en que la soda no sospecharía que el vino lo hacía a propósito, y quedó como si el cotidiano hablar del vino estuviera en esa frecuencia.
Resultado: Vino Maduro, Soda Inocente.
(Hacer una pausa así no se mezclan los conceptos de la situación anterior con los de la siguiente, leer de vuelta las escenas iniciales y luego continuar. Nada tiene que ver una situación con la otra).
SITUACIÓN TRES
La soda es un líquido gasificado, plagado de burbujas que, al salir a la superficie, revientan produciendo un molesto sonido. El sonido conjunto de todas las burbujitas reventando, logra un efecto parecido a la siguiente onomatopeya: “Shhhhhhhhh”. Ese sonido es el que liberó la soda en esta situación, siendo algo común en su existir. Es decir que la soda es un ser acostumbrado a descargar constantemente ese sonido de carácter involuntario, estando ya acostumbrada y convirtiéndolo en parte de su común desarrollo. Lo curioso es que el vino esto ya lo sabía, e intentó jugarle una broma a la soda. El vino ya conocía aquel inconfundible sonido que la soda emitía constantemente, y era lógico que si de la soda salía un: “Shhhhhhhhh”, era por las burbujas de gas, y no porque estuviera callando a nadie. Así como el vino tenía esto en cuenta, asoció inmediatamente el sonido de la soda, con el sonido que realizan las personas para silenciar. Es por eso que en forma de chiste decidió contestarle a la soda “A mi nadie me calla”, para que ésta se crea que el vino había pensado que ella lo había callado. Así fue como la soda luego le explicaría confundida que su intención no fue callarlo, siendo que ese sonido era involuntario, a lo que luego el vino le contestaría: “Ya se, infelíz. Fue un chiste”, lo que dejaría como resultado a una tonta soda que cae fácilmente en bromas como esa, ya que ella debería haber anticipado la maniobra y haberse dado cuenta de que el vino ya conocía aquel sonido tan común.
Resultado: Vino Chistoso, Soda Ingenua.
(Hacer una pausa, así no se mezclan los conceptos de la situación anterior con los de la siguiente, leer de vuelta las escenas iniciales y luego continuar. Nada tiene que ver una situación con la otra).
SITUACIÓN CUATRO
La base de esta situación es similar a la situación dos, con la diferencia de que el vino, esta vez, no decide contestar: “A mi nadie me calla” solo para adaptarse a las cortas expresiones idiomáticas de la soda, si no que esta vez lo contesta en un tono burlón, representando que esa respuesta la haría una persona tonta. Con su respuesta y en la forma en que la hizo, el vino quiso dar a entender que él es de un intelecto elevado, tanto como para darse cuenta de que esa sería una respuesta infantil, así también como para demostrar que se anima a contestar en forma de burla y como para imponerse ante la soda, para que ella se de cuenta que hablar con esas expresiones es de tontos. Esa respuesta quizá no logre ningún efecto en la soda, que podría pensar cualquier cosa. En primer lugar, podría pensar que el vino está loco por hablar en ese tono; en segundo lugar, podría pensar que el vino es un ser raro que piensa cosas indescifrables; y en tercer lugar, podría ni siquiera entender el mensaje. Lo cierto es que esto al vino no le preocupa, porque si él se cree que su intelecto es elevado y la soda es muy poco inteligente, poco le interesaría lo que la soda pudiese pensar, y la forma de contestar su respuesta fue un chiste interno para él mismo, para divertirse en forma solitaria.
Resultado: Vino Individualista, Humorista e Inteligente, Soda Confusa.
Estas cuatro absurdas situaciones fueron las distintas suposiciones que hizo mi mente en base a esta sencilla escena. El lector puede quedarse con la que mas le guste, y podría, en su vida cotidiana, aplicar estas cuatro formas de análisis, identificando cada diálogo, cada momento y cada interacción, con una de estas cuatro situaciones. Por ejemplo, estar leyendo esto, es una situación dos, porque el lector se tiene que adaptar a una regla social que es la lectura. Yo se que cualquier regla social es muy tonta para cada uno de los inteligentes lectores que van a leer este escrito. Por eso, se que para ellos el acto de leer es inferior a ellos, pero no les queda otra mas que llevarlo a cabo para integrarse en la sociedad.
Haber escrito esto es una situación cuatro, porque está escrito en un humor interno que quizá muchos no entiendan y lo escribí para divertirme yo mismo y compartirlo con los que estén dispuestos a leerlo.
domingo, 16 de agosto de 2009
Otras cosas sucedieron...
lunes, 27 de julio de 2009
Ofri el sillopa...
El sombrío universo que se proyectaba bajo el manto negro producido por la enceguecedora oscuridad de aquel pasillo comenzaba a incomodarme, más allá de que yo no estuviera en condiciones de darme cuenta por qué.
El tiempo transcurría de a poco, de la forma más lenta posible, recreando en mi mente un enorme reloj que hacía retumbar en lo más profundo de mi cabeza cada golpe que daba su aguja al avanzar, mientras los segundos se arremolinaban y me golpeaban el rostro como gotas de cristal. Esa sensación se expandía por todo mi cuerpo, acompañando aquellos golpes con los latidos de mi corazón, que lograban conformar una melodía seca y vacía que aumentaba notablemente la tensión del ambiente.
Ese pasillo tan misterioso, producto de la oscuridad sofocante que reinaba en el mismo, me impacientaba hasta tal punto en que llegué a sentirme preso de mi mismo. Yo sabía que estaba ahí parado, solo, sin ningún objetivo claro, teniendo a mi merced la elección de irme si tenía ganas. Pero algo me obligaba a seguir ahí, preso, sin poder moverme. Algo que no entendía muy bien que era.
La oscuridad cada vez me atrapaba más, y tuve la sensación de que mis pulmones se cerraban paulatinamente, asfixiando mis emociones. La densidad negra me encerraba, me apresaba, como si estuviera respirando un denso humo. Quizá ese sentimiento lo exageraba mi propia condición física, producto de las tardías horas en que se estaba desarrollando el hecho, habiéndome levantado de la cama de golpe, sudando, y de un momento a otro ya me encontraba parado ahí, en aquel oscuro pasillo, sin explicación alguna.
El frío de la noche tornaba todo aún más insoportable, produciendo en mi piel un efecto demasiado molesto que reducía mi cuerpo a un artefacto inútil, que en lugar de ayudarme a salir de aquella situación, empeoraba las cosas. Ni siquiera aquellas ondas de calor emanadas desde algún rincón vacío de esa larga habitación llena de puertas, era suficiente para saciar mi necesidad de abrigo, de protección. Tanto el oscuro ambiente como los escalofríos que dominaban mi cuerpo, lograban ponerme en una escena estresante e irreal, confundiendo y mezclando aquella sombría realidad con los deambulantes delirios de mi mente, conformando así un híbrido e indescifrable estado corporal y mental. Tampoco me atrevía a abrir ninguna de esas puertas, por miedo a encontrar cualquier cosa allí adentro, temiendo a ser tragado por lo desconocido. La incógnita corrompía mi alma, logrando que el temor aumente más.
Pero con el correr de los segundos, acompañados por mis desalentadores suspiros de insatisfacción, todo comenzaba a ponerse un poco más claro.
Poco a poco, el lento transcurrir del tiempo, le otorgaba a mi cerebro la oportunidad de procesar aquel escenario cada vez más con mayor exactitud. Los notorios intentos de ese tiempo y lugar de jugarme una mala pasada buscando mi paso en falso, mi titubeo y mi rendición, comenzaban a hacerse cada vez más débiles, permitiéndole a mi cabeza pensar cada vez más claro y preciso.
Ese oscuro pasillo sumido en aquella viva oscuridad, o que por lo menos parecía estar viva, dejaba de ser el agravante principal del momento. Lentamente, fue surgiendo en mi castigado, tembloroso y helado cuerpo un sentimiento, una opresión, que aumentaba con el correr de los segundos dejando atrás aquel retumbante reloj imaginario, aquel frío irresistible y aquel encierro en la oscuridad. Esa opresión surgía en mis entrañas, y era la causa de mi presencia en aquel sombrío lugar, al que yo le había dado, gracias a mis sentidos, el nombre de “Pasillo”. Sentía como esa opresión me forcejeaba desde adentro, volviendo inútiles mis esfuerzos por estar cómodo, tranquilo. Pero aún no me quedaba en claro que era lo que estaba haciendo allí parado, en ese pasillo vacío, rodeado de puertas negras, casi invisibles en la aún más negra oscuridad. Era como si estuviese esperando algo, alguna señal que me indicara como liberarme de todo aquello que me oprimía. Esa presión interna, ahora también la sentía en mi pecho, y comenzaba a sentir sus intentos de escapar de mi cuerpo. Pero no sabía como. Intenté liberarla gritando, pero la voz no me salía. Quizá mi instinto de ser humano me privaba de liberarla en aquel instante, esperando que llegase el momento exacto, de una forma astuta y perspicaz, como si estuviera todo planeado.
Seguía pasando el tiempo y ya todo se volvía más claro, más lógico. Y era así. Estaba parado allí, esperando algo, en un pasillo oscuro y frío, deseoso de liberar aquella opresión de mis entrañas. Y fue así como llegó el momento en que la oscuridad comenzó a paliar y el ambiente tan denso se volvió más agradable. Fue aquella luz que me salvó de toda esa negra neblina de pesada angustia. Ese veloz destello fue la señal que me indicó que ya era la hora. Ahí fue cuando el sombrío pasillo atenuó su amenazante atmósfera, y me di cuenta de que no era tan grave después de todo. Al fin y al cabo, no era la primera vez que me encontraba allí, y siempre todo terminaba igual.
Mi mamá salió del baño, y por fin pude pasar, encontrando ahí la oportunidad de liberar placenteramente aquel liquido amarillento que muchos llaman orina, eliminando aquella abrumadora presión en mi cuerpo y dejándolo en óptimas condiciones. La espera fue estresante, pero finalmente valió la pena. Levantarme de noche para ir al baño, al fin y al cabo, era común para mi, pero recordé como siempre me molestaba esperar en el pasillo.
Entonces, con el acto consumado, ya me encontraba en condiciones de volver a la cama de vuelta, victorioso por haber vencido al lúgubre pasillo y sus estrictas condiciones, aunque solo fuera el pasillo de mi casa, que otra vez como tantas, volvió a jugar como sala de espera en aquellas noches frías de invierno…